Numerosas páginas de heroísmo ha escrito en su bregar
ininterrumpido por la historia memorable de la Patria este hijo de
aquella mujer, cuyos retoños —Juan Manuel, en el Moncada; Gustavo,
detenido en las calles de Santiago de Cuba y torturado brutalmente
hasta morir, y Ángel (Machaco), combatiente de los épicos sucesos de
la calle Goicuría— prendieron en la tierra cubana para quedar
eternamente convertidos en aquella "levadura heroica" de la que
viven los pueblos.
Pero no quisieron los escritores Julio Travieso y Newton Briones
Montoto, recrear en sus intervenciones esa faceta insoslayable que
tanto aporta a su integridad y lo remite a las hazañas que
protagonizara en el Granma, la Sierra Maestra o en Playa Girón.
Prefirieron elogiar al ser humano, ese cuya modestia lo hace hablar
de sus hermanos como si él mismo no hubiera sido, como ellos,
también uno de los grandes de la epopeya cubana por la libertad.
Y al mismo tiempo, subrayar su estatura intelectual, puesta a
prueba en la creación literaria. Porque bajo la piel de este mambí
del siglo XX —como también fue llamado allí— está el amante de la
literatura cuyo catálogo engrosan textos suyos como la trilogía
testimonial Más allá de nosotros, La clandestinidad y
La Sierra Maestra, la noveleta Casi en busca de la caoba
gigante, el antológico título 1956 un año tremendo y su
poemario El amor todo el tiempo.
Anécdotas relacionadas con Fidel, historias contadas por él en
las que ponderó al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana su
inteligencia y sabiduría, y la fidelidad a la causa por la que
dieron la vida sus hermanos, y por la que estuvo en muchas ocasiones
dispuesto a dar también la suya, matizaron el verbo de los
panelistas y del poeta Eloy Machado (El Ambia), quienes gozando de
su amistad, ofrendaron al poeta el premio de la palabra elogiosa,
que nunca será, según expresaron, capaz de abordarlo porque no caben
en ella todas sus grandezas.