Sin embargo, en estos momentos urge incrementar, en cantidad y
efectividad, el número de actividades docentes-educativas que
fortalezcan la formación patriótica de los estudiantes. Hoy, por
tanto, no es posible hablar de satisfacciones, sino, de cuánto queda
por hacer.
Los resultados al cierre de la segunda convocatoria de los
exámenes de ingreso a la educación superior en la asignatura de
Historia, respaldan este criterio. De 43 874 aspirantes presentados,
solamente aprobó el 69,6 %, un valor inferior al del curso
precedente en 8,9 unidades porcentuales.
Con esta preocupación, la profesora Dania Soriano Torres, máster
en Ciencias de la Educación y profesora de Historia en el Instituto
Politécnico de Informática 50 Aniversario del Granma, de la ciudad
de Cárdenas, en Matanzas, se dirigió a este diario.
"La Historia juega un papel cardinal en la formación de valores
en los alumnos y en la formación de conductas responsables con
respecto al medio ambiente, al patrimonio natural e histórico y a
las normas constitucionales, jurídicas, éticas y morales. Pero ello
solo es posible mediante la persuasión, de una clase amena que
promueva la participación de todos y genere debate, análisis y
trabajos de investigación".
Refirió a Granma que tanto el maestro como el alumno deben
conocer los ejes o ideas rectoras de la enseñanza de la Historia de
Cuba, y sobre esta base, la escuela debe garantizar que el escolar
profundice sus conocimientos, se apropie de los valores cívicos,
morales y patrióticos que emanan de nuestras gloriosas páginas de
Historia, y desarrolle las habilidades propias de la asignatura para
cada nivel.
A los profesores nos toca superarnos continuamente para alcanzar
este propósito, agregó. "Resulta esencial inculcar a los estudiantes
un pensamiento histórico lógico, y lograr que sean capaces de ubicar
los hechos en tiempo y espacio; ordenar en sucesión cronológica los
principales acontecimientos históricos; y emplear correctamente los
libros de texto, mapas y otros recursos gráficos y bibliográficos
disponibles", destacó.
Según Soriano, una mejor preparación de los docentes permite
mantener y estimular el interés y la motivación de los alumnos por
la asignatura, y ayudarlos a interpretar los contenidos académicos,
en lugar de reproducirlos mecánicamente.
Falta en este sentido imprimirle una mayor sistematicidad y
creatividad al trabajo educativo, incluyendo la preparación política
y la participación en concursos y actividades extracurriculares, que
deben fomentarse y promoverse, con rigor y seriedad, a lo largo del
curso escolar.
Asimismo llamó la atención sobre la necesidad de conducir a los
jóvenes en la búsqueda de elementos de la Historia de su localidad y
de las personalidades que han tenido un lugar destacado en nuestro
proceso revolucionario, mediante visitas a museos, monumentos,
lugares de interés histórico y tarjas, y del intercambio con algunos
de sus protagonistas, entre otras actividades.
"De este modo, interpretan la Historia no como algo lejano, sino
estrechamente conectado a su realidad", afirmó.
Aprender sobre la Historia de Cuba significa, en definitiva,
corporizarla, visualizarla, actualizarla; trascender las fronteras
físicas del aula, de la escuela y de los textos académicos; y dejar
espacio también para lo anecdótico y tangible que hay en ella.