Una buena parte de la sociedad rinde hoy tributo de respeto y
admiración al maestro Efraín Recinos, figura cimera de la
arquitectura y varias artes en Guatemala, fallecido la víspera.
Personalidades de la política y la cultura, autoridades, amigos,
o simplemente pueblo, acuden al gran salón que lleva su nombre en el
capitalino Centro Cultural Miguel Angel Asturias, una de las obras
cumbres de su ingeniosa actividad como diseñador arquitectónico.
Allí fue depositado el féretro con sus restos para el homenaje
póstumo, pues era de los lugares favoritos por él, a donde a pesar
de su edad (83) y jubilación cada día acudía para seguir laborando
en su taller.
Polifacético y genio, sus obras, que adornan muchos de los
edificios más emblemáticos del país, serán una muestra inmortal de
su capacidad para crear una mejor Guatemala, señala un comunicado
del Gobierno al lamentar el deceso de tan ilustre artista.
Condecorado con la Orden del Quetzal como reconocimiento a su
trayectoria, agrega el texto, es un guatemalteco eterno, que puso en
alto el nombre del país y que deberá ser recordado como un ejemplo
para las nuevas generaciones.
Recinos es considerado icono como urbanista, pintor, escultor,
muralista, escenógrafo, inventor, ajedrecista y conocedor de música,
cine, letras y deportes.
Entre sus obras trascendentes en esta urbe, además del Centro
Cultural, se mencionan los murales y difusores acústicos del
Conservatorio Nacional de Música, de los cuales los conocedores
afirman eran sus favoritos.
Lo recuerdan en sus tiempos más recientes por seguir generando
ideas y supervisando labores de restauración o mantenimiento en
importantes locaciones, donde trasladaba sus experiencias a
artistas, estudiantes y obreros.
Perpetúan aquí su memoria murales donde los expertos aseguran
supo integrar el arte a los diseños arquitectónicos, tales como la
fuente del Parque de la Industria, la Biblioteca Nacional e
interiores y exteriores del Aeropuerto Internacional La Aurora.
Recinos fue autodidacta en su infancia, pues su padre no lo envió
a la escuela en su natal ciudad de Quetzaltenango, aunque se asegura
no puso trabas a sus iniciativas plasmadas sobre todo en dibujos.
Su carrera universitaria vencida fue la de ingeniería, pues por
su época no existía en Guatemala la de arquitectura como tal.