Durante
tres días del último septiembre, el Festival Metal HG tomó como base
de operaciones los escenarios del Pabellón Armando Mestre y otros
espacios de la ciudad de Holguín. El encuentro, dedicado al
aniversario 25 de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), reunió todos
los números para saltar desde el under hacia los primeros
planos del circuito del rock cubano. Su cartel convocó a 16 bandas
de todo el país que salieron cada noche a la arena como si fueran
auténticos gladiadores del metal.
Precisamente la enorme capacidad de vivir al límite los
conciertos, puesta de manifiesto por la legión de "rockers"
holguineros, ha transformado a esta ciudad en una plaza infalible
para las distintas manifestaciones artísticas de la cultura rock.
Encabezados por la presidenta de la AHS en el territorio, Karina
Pardo, y el promotor Raúl Cardona, el comité organizador se las
agenció para, con gran economía de recursos, preparar un evento que
logró cumplir por goleada sus propósitos de otorgarle visibilidad a
la "escena rocker" y allanar el camino para que las bandas puedan
defender con dignidad sus repertorios en espacios que reúnan las
condiciones para ello.
En el cartel, que también albergó conciertos en las tardes,
descollaron las presentaciones de las bandas capitalinas Escape,
Hipnosis, Agonizer, Ancestor, los avileños de Camada, el ensemble de
punk Kallejeros Kondenados y la alineación local Jeffrey Dahmer, que
tuvo sobre los hombros la responsabilidad de cerrar el Festival.
Para la última fecha, esta escudería holguinera de brutal death
gore firmó un contundente concierto con el que demostró que se
ha convertido a pulmón en una alineación de respeto dentro de los
terrenos del metal cubano.
La sorpresa en esta oportunidad la puso la novel banda
cienfueguera Asgard, un grupo que se mueve entre los parámetros
cercanos al power metal y que ostenta actualmente un
prometedor horizonte de futuro. Eso sí, debe aprovechar cada
actuación para poner a prueba los temas de su factoría por encima de
la interpretación de versiones de héroes del metal.
En sintonía similar destaca la propuesta multiestilística de la
escudería capitalina Treatment Choice, liderada por el vocalista
Orlando Armando (Mandy). Deudora de Garage H, la alineación ha
incorporado, después de su regreso a la escena a finales del 2008,
un enjambre de sonidos que van desde del deathcore y el
hardcore hasta los escarceos del metal con la electrónica,
coordenadas estilísticas que se acoplan con cierta naturalidad en su
diseño sonoro.
Aunque aún se encuentra en esa etapa de invención y búsqueda
común a cualquier banda de reciente factura, la formación debe tener
cuidado en no enrumbarse hacia el trabajo con fórmulas melódicas
orientadas a atrapar con rapidez la atención del público, sino que
necesita continuar en ese largo y sinuoso camino —como diría Paul
McCartney— que significa defender con convicción una identidad
propia en el underground.