Los terrenos deportivos sustituyen el escenario del aula o salón
docente durante 45 o 90 "atléticos" minutos, tiempo que los
estudiantes, desde los más pequeños hasta los futuros profesionales,
comparten en un clima de afecto, tolerancia, respeto y aceptación
mutua, que permite y estimula la comunicación.
Aunque algunos tienen que vencer más obstáculos que otros para
llevar a buen término las acciones técnicas orientadas por el
profesor, sin dudas, a todos satisface probar suerte balón en mano,
bate en ristre o empuñando cualquier otro implemento deportivo para
hacerse con la victoria de su equipo, o vencer las propias
limitaciones.
Sin embargo, no siempre se valoran las clases de Educación Física
en su justa medida. Con frecuencia, padres y alumnos, concentrados
en el rigor de otras disciplinas académicas, prestan menos atención
a esta necesaria asignatura que ha de permanecer integrada a los
programas de estudio, en tanto infunde conocimientos, habilidades y
hábitos, que ponen al educando en posesión también de una cultura,
así como de un desarrollo estético y físico adecuado.
En muchos centros de enseñanza tampoco se aprovechan debidamente
las potencialidades de las actividades realizadas por los profesores
de Educación Física, las cuales, al igual que las de los
instructores de arte, bibliotecarios, y otros especialistas,
resultan trascendentales en la preparación para la vida de nuestros
niños, adolescentes y jóvenes.
Como en cualquier otra clase, estos dinámicos turnos precisan
realizarse con calidad y debe primar en cada uno de ellos un
ambiente de disciplina y motivación, que facilite la interacción
colectiva, el compañerismo, el trabajo en equipo y la comunicación
armónica de alumnos y profesores, dentro y fuera de las
instalaciones docentes.
Además, el claustro y los directivos de los centros de enseñanza
han de hacer valer en todo momento la importancia de esta materia,
no solo como una de las disciplinas rectoras del esparcimiento
requerido por los escolares en las jornadas de estudio, sino en aras
de llevar a cabo un verdadero proceso docente-educativo, y de
alcanzar una auténtica unidad entre la instrucción y la educación.
Fomentar, promocionar y diversificar la cultura física y el
deporte en todas sus expresiones, constituye un valioso recurso
educativo al que no podemos renunciar. Toca a la escuela, a la
familia, a las organizaciones estudiantiles y a la comunidad,
promover e incentivar la práctica sistemática, sana y masiva del
deporte y la actividad física.
La esencia de esta labor, como la de todos los maestros, tributa
a la esencia misma de la educación cubana: formar a las nuevas
generaciones como hombres y mujeres integrales, con plena conciencia
del deber y la responsabilidad social.