El deporte también educa

Las actividades realizadas por los profesores de Educación Física constituyen un valioso recurso educativo al que no podemos renunciar

OLGA DÍAZ RUIZ

Saltos, carreras de resistencia y velocidad, planchas, abdominales y el desarrollo de múltiples habilidades deportivas, constituyen buenas prácticas para contribuir, con el ejercicio, a una forma sana de vida. Actividades cotidianas de las clases de Educación Física, que en la mayoría de las ocasiones, ofrecen a los alumnos de todos los niveles de enseñanza un necesario descanso del estudio.

Foto: Otmaro RodríguezLas clases deben realizarse con calidad, y facilitar la interacción colectiva, el compañerismo y el trabajo en equipo. 

Los terrenos deportivos sustituyen el escenario del aula o salón docente durante 45 o 90 "atléticos" minutos, tiempo que los estudiantes, desde los más pequeños hasta los futuros profesionales, comparten en un clima de afecto, tolerancia, respeto y aceptación mutua, que permite y estimula la comunicación.

Aunque algunos tienen que vencer más obstáculos que otros para llevar a buen término las acciones técnicas orientadas por el profesor, sin dudas, a todos satisface probar suerte balón en mano, bate en ristre o empuñando cualquier otro implemento deportivo para hacerse con la victoria de su equipo, o vencer las propias limitaciones.

Sin embargo, no siempre se valoran las clases de Educación Física en su justa medida. Con frecuencia, padres y alumnos, concentrados en el rigor de otras disciplinas académicas, prestan menos atención a esta necesaria asignatura que ha de permanecer integrada a los programas de estudio, en tanto infunde conocimientos, habilidades y hábitos, que ponen al educando en posesión también de una cultura, así como de un desarrollo estético y físico adecuado.

En muchos centros de enseñanza tampoco se aprovechan debidamente las potencialidades de las actividades realizadas por los profesores de Educación Física, las cuales, al igual que las de los instructores de arte, bibliotecarios, y otros especialistas, resultan trascendentales en la preparación para la vida de nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

Como en cualquier otra clase, estos dinámicos turnos precisan realizarse con calidad y debe primar en cada uno de ellos un ambiente de disciplina y motivación, que facilite la interacción colectiva, el compañerismo, el trabajo en equipo y la comunicación armónica de alumnos y profesores, dentro y fuera de las instalaciones docentes.

Además, el claustro y los directivos de los centros de enseñanza han de hacer valer en todo momento la importancia de esta materia, no solo como una de las disciplinas rectoras del esparcimiento requerido por los escolares en las jornadas de estudio, sino en aras de llevar a cabo un verdadero proceso docente-educativo, y de alcanzar una auténtica unidad entre la instrucción y la educación.

Fomentar, promocionar y diversificar la cultura física y el deporte en todas sus expresiones, constituye un valioso recurso educativo al que no podemos renunciar. Toca a la escuela, a la familia, a las organizaciones estudiantiles y a la comunidad, promover e incentivar la práctica sistemática, sana y masiva del deporte y la actividad física.

La esencia de esta labor, como la de todos los maestros, tributa a la esencia misma de la educación cubana: formar a las nuevas generaciones como hombres y mujeres integrales, con plena conciencia del deber y la responsabilidad social.

 

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