Cuando la fuerza motriz es la participación ciudadana, lo cual
implica sentido de pertenencia, compromiso, y la enriquecedora
creatividad colectiva, los resultados de la comunidad no tardan.
Trabajadoras
de la escuela Indalecio Montejo dan los toques finales a las aulas.
Aunando esta fuerza en el movimiento popular Sin Perder un Día,
el barrio avileño de El Purial, con problemas de deterioro de sus
típicos edificios Gran Panel Cuatro y su escuela, las dificultades
con el abasto de agua y escasísimas opciones para la recreación,
logra por estos días un radical cambio de su fachada.
Muy crítica se presentaba la situación de la comunidad, de unos 3
000 habitantes, hasta que las autoridades avileñas tomaron cartas en
el asunto y llevaron hasta allí la estrategia de lograr la
transformación del entorno con la participación ciudadana, puesta en
práctica desde hace tres años en la provincia.
Aunque el trabajo por realizar es "para gallo guapo", como
aseveró Jesús Rodríguez Gálvez, presidente del Consejo Popular, con
bastante celeridad todo ha comenzado a cambiar. Llegaron equipos
pesados y trabajadores de varias empresas y organismos, así como los
recursos mínimos indispensables, para que El Purial, silencioso y
escondido, tuviera otro rostro.
Escoba en manos, Silvia Rodríguez García, quien reside en el
lugar desde 1968, habla del avance. "En apenas unos días el revuelo
que se ha formado ha sido grande. Brindamos apoyo en toda la
comunidad, incluidos los consultorios del médico de la familia, la
escuela y el saneamiento de las áreas".
Yanet Franco Acosta, joven de 24 años, delegada de la
circunscripción 123, argumenta que una de las encomiendas más
difíciles fue convencer a la mayoría de los pobladores de la
necesidad de eliminar los corrales para la crianza de cerdos de
atrás de los edificios, a cuya carga contaminante se unía el de
tratarse de improvisadas construcciones que violaban las
regulaciones urbanísticas.
A inicios de este mes ya no quedaba ninguna. A los criadores,
ordenadamente, les facilitarán un área colectiva para fomentar la
actividad.
Graves problemas allí eran el abasto de agua y las opciones de
recreación. Por ello, de envergadura se considera la construcción de
la cisterna, que debe asegurar la distribución adecuada del agua en
los 11 edificios, al igual que la instalación de contadores en más
de 40 viviendas, de luminarias en las calles, la terminación del
parque infantil, el arreglo de la vía de acceso a la comunidad, la
tarima para las fiestas y los actos populares, y el punto de venta
de productos del agro.
Uno de los objetos más importantes lo constituyó el trabajo en la
escuela Indalecio Montejo, donde muchos pusieron manos y corazón
para que pudiera abrir sus puertas a los aproximadamente 400 alumnos
del poblado, incluidos los de las comunidades La Ceiba, El mexicano,
Las Mercedes, Acopio y Guillet.
Allí se realizó una inversión estimada en 130 000 pesos, cifra
que se ejecuta en la impermeabilización del techo, la sustitución de
puertas y ventanas, el enchape de la cocina comedor, el arreglo de
los baños y las aulas, entre otros.
La licenciada Yarisbel Almeida Montalvo, maestra, explica que
ahora solo resta cuidar cuanto se ha hecho para que los esfuerzos no
caigan en terreno baldío.
No todas las expectativas quedarán resueltas de inmediato, pero
nadie duda que en El Purial el movimiento Sin Perder un Día va más
allá del significado de una frase y se convierte en chispa para el
bien de la comunidad.