Los rebeldes libios anunciaron este miércoles dos días de tregua
en Bani Walid en un aparente cambio de estrategia ante la
resistencia de los leales a Muamar El Gadafi, mientras afloran
nuevas divisiones políticas en sus filas.
Voceros del autodenominado Consejo Nacional de Transición (CNT),
que lideró la insurrección armada contra el gobierno de El Gadafi,
dijeron que el cese temporal de las hostilidades busca dar tiempo a
los civiles para que dejen la ciudad situada 150 kilómetros al
sureste de Trípoli, reporta Prensa Latina.
Con ese fin, los alzados iniciaron una campaña de persuasión a la
población con mensajes camuflados en la ayuda humanitaria que
intentan enviar desde la periferia de la localidad oasis, pues no
han logrado hacerse con el centro y sur, apuntaron algunas fuentes.
Sin embargo, otros reportes aluden a una paralización de las
operaciones militares para reorganizar a sus hombres, esperar por
refuerzos y tratar de dar el golpe final a uno de los principales
bolsones de resistencia del país.
Jefes tribales y gran número de residentes en Bani Walid
pertenecen a la tribu Warfallah, la más grande e influyente de
Libia, y que en su gran mayoría es afín a El Gadafi, cuyo paradero
se ignora desde que los insurgentes tomaron Trípoli el 21 de agosto.
Bani Walid, Sabha, Jufra y Sirte, esta última tierra natal de El
Gadafi, son los cuatro bastiones libios que no han podido controlar
los rebeldes, pese a ser apoyados por los bombardeos aéreos de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Medios locales describen que en el desierto se ven filas de
carros con familias que huyen de los enfrentamientos, los bombardeos
de la OTAN y la escasez de agua, electricidad, medicinas, alimentos
y gas.
Entretanto, los combates terrestres y ataques aéreos contra los
baluartes pro-Gadafi ocurren de modo paralelo a los intentos del CNT
de tomar las riendas de Libia y formar un gobierno provisional,
tarea que prevé concluir dentro de 10 días, pese a las diferencias
internas.
Las disputas a nivel tribal, étnico, provincial y religioso son
cada vez más evidentes y tornan más compleja la pretensión de
reconciliar incluso a los propios sublevados, divididos entre
políticos laicos e islamistas que buscan definir el carácter del
Estado.
Según medios cercanos a los rebeldes, los islamistas arremetieron
contra la corriente del dirigente del CNT Mahmoud Jibril, un
profesional formado en Estados Unidos y al que acusan de ser un
laicista extremo interesado en enriquecerse por acuerdos vitalicios.
Otros círculos cuestionan el protagonismo del comandante Abed-Hakim
Belhaj, aliado del clérigo Alí Salabi que criticó a Jibril y cuyo
pasado fuentes estadounidenses vincularon con Al-Qaeda.