Paralizadas las grandes operaciones en el oasis de Bani Walid,
decenas de civiles tratan de abandonar la ciudad y huir de un
conflicto en el que cada vez son más evidentes las diferencias
tribales, provinciales y étnicas que dividen el país, indica EFE.
Los ciudadanos que han logrado escapar del asedio cuentan que la
situación humanitaria es dramática, sin agua corriente, gas,
electricidad y escasez de medicinas y alimentos.
Este martes la organización no gubernamental Amnistía
Internacional (AI) publicó un informe en el que documenta crímenes
de guerra y "ajustes de cuentas" por parte de las fuerzas
subversivas, incluido el linchamiento de soldados en el frente del
este.
Además, cuando el CNT tomó el control de ciudades como Al Bayda,
Bengasi, Derna o Misrata en febrero, esas milicias hicieron redadas
domiciliarias y asesinaron y atacaron a inmigrantes del África
subsahariana, bajo la supuesta acusación de que eran mercenarios,
cita la organización.
Entre las atrocidades cometidas por los opositores están también
el asesinato a sangre fría en la localidad de Misrata, al este de
Trípoli, de 85 presuntos mercenarios de diversas nacionalidades.
AP reseñó que entre los opositores se observan divisiones en la
lucha por el poder, aun antes de que terminen los combates. Cada
parte acusa a la otra de tratar de monopolizar un posible nuevo
gobierno.
Mientras, aviones de la OTAN continuaron los bombardeos que
destruyeron el lunes por la noche un sistema de radar, ocho baterías
de cohetes antiaéreos, cinco remolques para pertrechar las baterías,
un vehículo blindado y dos vehículos de mando cerca de Sirte,
comunicó la alianza imperialista.
La OTAN agregó que dañó además seis tanques y dos vehículos
blindados en Sabha, en el desierto meridional.