Endémica del occidente cubano, la Guayabita del Pinar se cosecha
hoy en las montañas de a provincia de Pinar del Río, que tiene la
exclusividad de un licor elaborado a partir de la diminuta fruta.
Desde las serranías de siete municipios, las frutillas viajan
directamente a una centenaria fábrica, única de su tipo en el mundo.
En medio de las faenas, el optimismo reina ahora entre una
treintena de cultivadores debido a la abundancia de la cosecha,
favorecida por las lluvias de la etapa veraniega.
Este año comenzamos temprano la zafra, confiamos en que
recogeremos toda la materia prima indispensable para confeccionar
unas 60 mil cajas del espiritoso preparado, declaró a Prensa Latina
Ángel Suárez, director de la manufactura licorera ubicada en esta
ciudad.
Las colectas en los campos del territorio culminarán con la
fiesta de la guayabita, tradicional festejo para agasajar a los
mejores productores y brindar por el éxito de la campaña, una de las
más copiosas de los últimos años y que pudiera finalizar a
principios de octubre, opinan conocedores.
De fama internacional, la bebida se abrazó al incipiente cultivo
tabacalero en los umbrales del siglo XVI.
Los inicios de la historia se pierden entre las vegas de la
entonces Vuelta Abajo, donde los labriegos acostumbraban a beber
algún trago vivificante para permanecer en el surco en las mañanas
de invierno.
Bajo los pinos crece silvestre la especie Psidium salutare,
bautizada como guayabita por su pequeña talla.
Como un hecho casi fortuito, la fruta se fundió con el alcohol y
el azúcar, para regalarnos el apetecido licor, añejado en toneles de
cedro.
La industria fundada en 1892 elabora actualmente dos variedades
(seca y dulce) que se abrirán paso nuevamente en el mercado foráneo,
aseguró Suárez.
Centenares de turistas visitan cada día las instalaciones, recién
restauradas, acompañados de copas y tabacos cubanos.
Incrementar las poblaciones de la Psidium salutare, es afán de
científicos del territorio que apelan a las técnicas de la
biotecnología vegetal, con el fin de propagar su cultivo.
Los avanzados procedimientos, liderados por profesores de la
universidad Hermanos Saíz, posibilitaron la creación de una
plantación en las proximidades de la fábrica, de donde se extrae
también el codiciado fruto, símbolo de esta región.