La policía británica desplegó 10 mil policías en esta capital
ante el temor de que ocurran disturbios durante el funeral de Mark
Duggan, cuya muerte desató una ola de protestas violentas a
principios de agosto.
Centenares de personas tomaban parte en las exequias de Duggan,
alcanzado en la cabeza por un disparo de la policía cuando intentaba
escapar a su arresto en el barrio multiétnico de Tottenham (norte de
Londres), advirtió Prensa Latina.
Ese hecho, aún sin esclarecer, ocurrió durante la intervención de
la unidad Operación Tridente, específicamente dedicada a combatir el
crimen armado en la comunidad afrocaribeña.
Dos días después de la muerte del joven de 29 años, se desató una
ola de disturbios violentos en esta capital y otras ciudades
inglesas.
Esos hechos, que duraron cuatro días, se saldaron con la muerte
de cinco personas y más de tres mil detenidos, además de cuantiosos
daños materiales.
En medio de los incidentes y durante un discurso de castigo
criminal, el primer ministro británico, David Cameron, ordenó el
aumento de las fuerzas policiales en las calles londinenses y luego,
pidió tolerancia cero contra personas implicadas en los incidentes.
Cameron condenó los disturbios y los calificó de delincuencia,
mientras aseguró que adoptaría mano dura para restablecer el orden
en el país.
Por su parte, la oposición laborista vio los hechos como
consecuencia de males sociales más profundos, arreciados por los
recortes al gasto público frente a la deuda fiscal.
Durante el funeral de Duggan, el obispo Barrington O. Burrell
criticó el proceder de la policía principalmente en los barrios
multiétnicos.
El abismo entre agentes y jóvenes negros sigue aparentemente
creciendo. La policía británica debe cambiar de actitud hacia la
comunidad negra y la comunidad negra también debe cambiar de actitud
respecto a la policía, declaró Burrell.