Se reflejó también en la exitosa actuación del equipo de Canadá
en la tabla final de medallas, la mejor histórica, sin que ello
significase un vuelo tan alto como para desplazar por la calidad de
las medallas a líderes tradicionales, Estados Unidos y Cuba, con 106
y 69 de oro ganadas, respectivamente, frente a 64 canadienses.
El programa competitivo mantuvo la misma abultada cantidad de
deportes de la edición anterior, con 38 (cambió la pelota vasca por
el pentatlón moderno), mas resultó verdaderamente impresionante la
reducción del número de pruebas estimuladas con medallas, ¡105
exactamente! descendiendo abruptamente el total de 432 a 327.
Algunas delegaciones consideraron haber sido perjudicadas a
priori, cuando los organizadores determinaron las pruebas que no
convocarían. De hecho, Cuba tuvo su faena menos sobresaliente en el
medallero en 20 años, desde San Juan’79 (64 doradas, si bien en solo
242 finales discutidas), denunció un acoso antideportivo en los
medios de prensa y se sintió "trampeada" por ciertos resultados
positivos en pruebas antidopaje.
El caso más connotado fue el de Javier Sotomayor,
multirrecordista y multicampeón en salto de altura, a quien se le
atribuyó uso de cocaína, sustancia que dijo no haber visto ni en
película, además de no ayudar para nada a los resultados en su
especialidad.
De esa forma se negó su cuarta victoria panamericana en sucesión,
beneficiándose Canadá por partida doble, pues dos representantes
suyos quedaron igualados en el segundo lugar y avanzaron al oro, y
también Estados Unidos, que así pudo escapar del tercer revés
seguido en atletismo ante Cuba.
La mayor de las Antillas dominó en un sector ya tradicional de
los deportes de combate, sobresaliendo tres de ellos con nueve
preseas doradas cada uno, esgrima (de 10 posibles), boxeo (de 12) y
judo (de 14). El atletismo, no obstante su segundo lugar, le
proporcionó la cifra máxima al cofre, con 10, sin olvidar las de
Anier García en 110 con vallas e Iván Pedroso en salto de longitud,
ambos consagrados al año siguiente en los Juegos Olímpicos de
Sydney.
El arte competitivo de la gimnasia también resultó favorable,
siete de 14 títulos, cuatro con el sello personal de Erick López,
campeón del concurso completo por tercera vez y monarca también en
paralelas, arzones y anillas, además de encabezar la conquista de un
quinto premio máximo, el de equipos.
En pesas cedió el protagonismo, con solo tres de oro, por
ausencia en las siete categorías femeninas e inculparse de dopaje a
dos dorados varoniles, conclusión cuestionada por los médicos
cubanos que no encontraron trazas similares en análisis previos de
control ni en posteriores de comprobación. Sin embargo, Idalberto
Aranda en la nueva división de 77 kg, implantó el único récord
mundial que prestigió a los Juegos, 205.5 en la modalidad de envión.
En los deportes colectivos la afición vibró con la ¡¡OCTAVA!!
corona al hilo en béisbol, los éxitos en balonmano y voleibol
masculinos y el segundo histórico de las muchachas del básquet,
aunque lamentó el inesperado revés del voleibol femenino ante
Brasil.
En definitiva fueron entregadas 328 medallas de oro en 327
pruebas, al duplicarse en salto de altura. Los primeros seis países
del medallero con dígitos dobles dorados fueron los siguientes:
Estados Unidos 106-110-80=296, Cuba 69-39-47=155, Canadá
64-52-80=196, Brasil 25-32-44=101, Argentina 25-19-28=72, y México
11-16-29=56.
Además de las pesas, que redujo a ocho sus divisiones masculinas
para adicionar las femeninas, hubo participación por primera vez de
las damas en polo acuático, fútbol y voli de playa.
Caso curioso fue el de los mosquitos, cuya abrumadora presencia y
sus continuas picadas no faltaron en reseñas diarias ni en
recuentos, bromeándose con la propuesta del fastidioso bichito "como
mascota", por delante del Pato de los bosques y la Lorita, las
oficiales.
En la clausura del domingo 8 de agosto, el calificativo de
Mejores Juegos de la Historia proferido por el presidente de la
ODEPA no pareció en realidad con tanta dimensión como al endosarlo a
La Habana’91 o por segunda vez a Mar del Plata’95. La vista terminó
puesta en Santo Domingo, elegida para debutar como organizadora en
el 2003, pues los pequeños también tienen derecho.