Mientras otros medios corporativos de occidente mantienen sus
ataques contra la Revolución cubana argumentando que el proceso de
actualización del socialismo que ahora tiene lugar conduce al
capitalismo, el WSJ asegura que eso es lo que Cuba quiere hacer ver.
Da por ciertas las mentiras de los demás y se dedica a demostrar
que la Isla engaña al mundo pretendiendo que ha cambiado el rumbo.
La columnista Mary Anastasia O'Grady, en comentario titulado ¿Cuba
se está volviendo capitalista? (Is Cuba Going Capitalist?) asegura
que "esta no es la primera vez que se nos dice que la economía
comunista, paralizada desde 1959, está en vísperas de revertir su
rumbo", pero "la idea de que esto es capitalismo sería graciosa si
no fuera tan triste", como si alguien en Cuba hubiera abogado alguna
vez por un regreso a aquel pasado ignominioso.
El periódico de la oligarquía financiera estadounidense asegura
que el propósito de las reformas económicas cubanas es gravar con
impuestos a las transacciones del mercado negro, y se refiere a este
como si fuera algo inexistente en su propio país al censurar que el
Gobierno cubano lo haya permitido y ahora quiera poner orden en su
casa.
Ignora el volumen alarmante de la economía subterránea en Estados
Unidos, pese a la severidad con que se proyectan y actúan las muy
temidas autoridades represivas diseñadas para evitarla y castigar
las transacciones ilícitas.
Un artículo publicado en abril del 2009 en el Milwaukee Journal-Sentinel
firmado por Kathleen Gallagher, relataba una investigación realizada
por la Universidad de Wisconsin-Madison, según la cual, mientras la
economía global lucha por sobrevivir, la economía sumergida se
desarrolla impetuosamente en Estados Unidos.
"Los ingresos no declarados en Estados Unidos se han expandido
hasta ser de 2,25 billones de dólares creando una relación entre los
ingresos no declarados y el ingreso bruto que se está acercando a
los niveles máximos de la época de la Segunda Guerra Mundial", según
la investigación.
Se está creando a nivel federal un pasivo por impuestos no
pagados de más de 600 millones de dólares y la profundización de la
recesión ha reducido las oportunidades de empleo regular e impulsado
el crecimiento de actividades laborales no declaradas, asegura la
indagación.
También revela que "había 824 millones de dólares en efectivo
circulando en ese mercado negro —lo suficiente para dar a cada
hombre, mujer y niño en el país 2 700 dólares en efectivo; o 1 750
si se toma en cuenta que un tercio de la moneda estadounidense
circula en el exterior".
La articulista del Wall Street Journal que cito al inicio de este
comentario jamás podrá comprender, y mucho menos explicar, cómo es
que en Cuba se puede hacer el reordenamiento de la fuerza laboral
sin recurrir a "terapias de choque" o a paquetes de medidas que
descarguen la crisis sobre las mayorías de bajos ingresos que son
las que sufren con mayor intensidad los recortes de los gastos
sociales y son las que apoyan con mayor firmeza las protestas y las
manifestaciones populares y estudiantiles que los cuerpos de policía
al servicio de las oligarquías reprimen con violencia.
No es capaz de entender que el crecimiento del sector no estatal
de la economía en Cuba no signifique la privatización de la
propiedad social. Mucho menos puede concebir que la ampliación y
flexibilización del trabajo en el sector no estatal sirva al
desarrollo del modelo socialista en Cuba, al liberar de cargas
administrativas al Estado y contribuir con el aporte agregado de sus
obligaciones tributarias, a hacer viable la garantía a toda la
población de los sistemas de salud y educación; seguridad y
asistencia sociales; de cultura, ciencia y deportes; la defensa y la
seguridad de la Nación, así como de las demás conquistas del pueblo
en Revolución.
Cuba conoció el capitalismo, lo sufrió y se rebeló contra ese
injusto sistema sociopolítico, al que identifica como responsable
del deplorable estado del mundo actual.
Los cubanos están a favor de los cambios que sean necesarios en
sus proyectos y los emprenden sin miedo. Pero el regreso al pasado
capitalista no lo aceptarían, ¡jamás!