Es cierto que se antojaba difícil una victoria sobre los
norteños, pero la final dejó un trago amargo por la manera en que se
perdió. Un desproporcionado 9-0 no marca la real distancia existente
entre las dos novenas, solo que a "la hora de la verdad" faltó el
empuje final. Durante todo el torneo los cubanos batearon a sus
anchas, con 69 carreras, igual cantidad de jits y 24 extrabases,
para un alto promedio de 322, guarismos que presagiaban un partido
ofensivo, más si nos guiábamos por el no tan buen rendimiento del
pitcheo estadounidense (5.88 limpias por juego, 50 carreras
permitidas y 40 boletos).
Sin embargo, en el epílogo el lanzador Keegan Thompson dejó a 12
cubanos con la carabina al hombro, mientras sus compañeros, como en
toda la justa, producían con creces, esta vez frente a los
serpentineros de la Isla, incapaces de mantener la estabilidad
mostrada en las anteriores presentaciones.
¿Seguimos en la elite? No lo dudo, pero la plata no satisface,
incluso, en la categoría 15-16. Eso sí, imposible dejar de reconocer
la actuación de los cubanitos, que lograron reponerse a la
frustrante llegada tarde para desbancar a cuantos rivales se
atravesaron.
Hay individualidades, hay talento, el antesalista Yoan Manuel
Moncada lo demostró con su inclusión en el Todos Estrellas, solo se
debe pulir para asegurar el futuro y obtener títulos con mayor
frecuencia.