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Tensión en el Cauto
La urgencia de la cosecha arrocera
DILBERT REYES RODRÍGUEZ
Otra vez en pico de cosecha arrocera y todavía el mayor polo
productivo del grano, la región del Cauto, no consigue librarse de
tensiones tremendas.
Segadoras
manuales, una alternativa que urge multiplicar y facilitar a los
productores.
En los complejos agroindustriales (CAI) Fernando Echenique y José
Manuel Capote, de la provincia de Granma, hay que vivir al día
cuando en 43 000 hectáreas dedicadas a la gramínea, más de 6 000
están maduras y en ellas 20 000 toneladas de arroz esperan por ser
extraídas de los campos.
¿Cómo llegarles a todos y evitar pérdidas, cuando solo funciona
una parte de las combinadas de corte, que priorizan las 1 800
hectáreas en emergencia, por debajo de los parámetros de humedad y
rendimiento?
El
corte manual planificado genera ganancias suficientes y empleo.
DE LA TÉCNICA AL ORDEN
La organización efectiva de una cosecha que en nada puede
parecerse a los años 80 —cuando pelotones de maquinarias esperaban
en las granjas por los operarios—, debe aprender las lecciones de
las temporadas más recientes. Así es como en esta campaña ya no
imperan, por ejemplo, irregularidades que hasta hace poco incidían
en oscuros movimientos de las pocas combinadas existentes.
Pero otras causas, además de la evidente insuficiencia de equipos
de corte en relación con el área cultivada, van determinando las
tensiones actuales.
Primero, en el territorio no fue temprana la agrupación en
pelotones de tres cosechadoras cada uno, que por indicaciones del
Grupo Nacional del Arroz, deben priorizar las zonas en riesgo
productivo.
"Así, el corte es más rápido, ‘barre’ con un área compacta, el
trabajo en grupo evita ilegalidades y reduce el tiempo perdido en
traslados", explica a Granma Armando Manso, jefe de Cosecha
del Grupo Nacional, y al frente de la recolección en la provincia.
"De ese modo, el pelotón puede disponer de un medio para
asistencia urgente en caso de roturas y otras contingencias que no
podrían atenderse si están aisladas. Además, están en el campo a
tiempo para las dos horas diarias de mantenimiento, y eso se viola
cuando llegan tarde, provocando las frecuentes roturas", subrayó
Manso.
Nicolás González, al momento de la investigación al mando del
Echenique, el mayor de los CAI, confirmó que recientemente lograron
reagrupar las maquinarias de corte en los nueve pelotones previstos.
A esta estructura se incorporaron, sin variación, los pelotones
de apoyo procedentes de Cienfuegos, Matanzas y Camagüey; los cuales
desde un inicio mostraron alta productividad y eficiencia en su
actividad.
Obviamente, el error de separar los equipos no puede repetirse,
pues también es una manera de dar garantías a la política de dedicar
el corte mecanizado a los grandes macizos.
No obstante, el uso de minicombinadas chinas capaces de acopiar
hasta 20 toneladas diarias del cereal, junto a una decena de
segadoras manuales e igual número de trilladoras, permiten aliviar
la urgencia en algunas áreas aptas para podar, pero fuera de las
grandes concentraciones de parcelas.
El corte manual, sin embargo, sigue aún sin barajarse óptimamente
como una opción planificada, solvente y única garantía de lograr los
mejores rendimientos en los terrenos más pequeños.
SOLUCIONES A LA MANO
Ya no son pocos los que en Granma asumieron inteligentemente el
corte a mano, con previsión de fecha, cálculo de gastos,
aseguramiento y personal, concebida como una etapa de la
planificación precampaña.
Veamos, por ejemplo, que la totalidad de las arroceras del
municipio de Bartolomé Masó fueron recolectadas de esta forma, y
según los criterios de productores, las ganancias siguen siendo
jugosas.
Desde la Asamblea Provincial del Partido, Eloy Sánchez, de la
cooperativa Celedonio Rodríguez, del municipio de Yara, viene
repitiendo las ventajas de la siega manual, practicada en su finca:
"Ahorramos el 50 % del combustible, la recolección en el mejor
momento de maduración permite obtener un arroz de óptima calidad,
los rendimientos superan las 4,2 toneladas por hectárea, y no
perdemos un grano esperando la cosechadora."
A esto se suman las posibilidades como solución de empleo en
territorios dominados por este cultivo, y cuyas fuentes de trabajo
están relacionadas con él. Notemos que en la zona de la unidad
empresarial de base Antonio Maceo, —responsable de unas 9 000
hectáreas en Yara, y por tanto, reconocida como macizo— se habían
cortado entre julio y la mitad de agosto unas 400 hectáreas a mano
en 15 bases, gracias a la activación espontánea de unas seis
brigadas de corte.
Ya antes se había propuesto que la iniciativa fuera tomada
también por los gobiernos locales, a fin de promover la creación de
muchas más brigadas, ajustadas a un régimen tributario sensato y
beneficiadas con recursos y servicios mínimos.
En definitiva —afirma Félix Mestre, líder de uno de los grupos—,
las características del cultivo arrocero lo convertirían en un
empleo estable, pues como lo demuestran las de Yara, "cuando no hay
cosecha, hay siembra, y por esta zona prefieren el moteo, una
técnica manual que requiere hombres y multiplica el rendimiento;
nunca nos falta trabajo".
El promedio de las cifras que alegaron varios campesinos
encuestados, arrojó que el costo de la atención a 13,42 hectáreas
(una caballería), incluida siega manual, equivale a 60 000 pesos. Si
la tonelada húmeda es pagada a unos 2 800, y el rendimiento medio es
de 3,5 toneladas por hectárea, el productor de 13,42 hectáreas
podría amortizar el gasto con menos de la mitad de lo recaudado.
Tras el cálculo, ¿a quién no le parece suficiente la ganancia neta,
para premiar el duro trabajo al sol con el fango a media pierna?
OTROS ÁNGULOS
A los temas del arroz en Granma siempre les quedarán asignaturas
pendientes, pero nadie cuestiona que la consecución por fin de una
cosecha óptima es la más urgente.
Aquí los días pasan en la búsqueda de la mejor estrategia, como
la que hace poco anunció la planificación del corte de acuerdo con
las fechas de germinación de las parcelas y no por campaña; lo cual
exigirá a los decisores un trabajo de campo más preciso.
Observando al detalle, otros flagelos afectan la recogida del
grano; pero es difícil analizarlos todos en un mismo espacio —y sí
tal vez en próximos reportajes—, como las persistentes indisciplinas
en la siembra escalonada, que no permiten planificar con exactitud
la recolección; los atrasos causados por un servicio de
transportación no especializado; la dispersión de parcelas de una
misma cooperativa y mezcladas con otras; el otorgamiento en
usufructo de extensiones demasiado grandes para el cultivo; los
fantasmas contractuales entre cada campesino y su base, y otros
desajustes típicos de un proceso en crecimiento, y que es pilar en
el imprescindible objetivo nacional de conquistar la plena soberanía
alimentaria. Pero no hay duda de que este rubro transita por un
incipiente despegue en esta provincia. |