Hay personas que si uno no las conoce, no tiene la posibilidad de
apreciarla en su cotidiano desenvolvimiento, por muchos méritos
indiscutidos y responsabilidades asumidas no logra aquilatarlas en
toda su dimensión, no se puede sentir cercana, aunque la reconozca
por su actuación pública.
Los que conocieron de cerca al General de Cuerpo de Ejército
Julio Casas Regueiro pudieron calibrar la personalidad de un jefe
militar, de un dirigente político que, pese a sus altas funciones en
el Partido y en el Estado, sobresalía por su modestia, su sencillez,
por su agudeza, su pensamiento abierto para escuchar, reconocer,
refutar o criticar.
Su idiosincrasia guantanamera y santiaguera no la abandonó nunca,
ni en su dejo al hablar, ni en su campechana manera de ser,
acompañada de un sentido de la austeridad muy fuerte, quizás por la
educación del padre, que le transmitió desde niño un principio
básico para marchar adelante en la gestión económica y financiera:
"centavo a centavo se hacen los pesos, y peso a peso, los
millones".
Unió a ello un dinámico sentido de preguntarlo y comprobarlo
todo. Confía, pero comprueba, nunca te vayas por la primera.
Con el General Julio no había medias tintas: al pan, pan, y al
vino, vino.
En una reciente reunión de análisis de los problemas de la
comercialización de la agricultura, un directivo provincial comenzó
a brindar datos, a hablar de lugares y situaciones, obviando
completamente la realidad de hechos que tenían que ver con
afectaciones sensibles a la población, cuando concluyó, el General
Julio se giró desde su butaca hacia él, le miró a los ojos y le
preguntó ¿cuántas veces has estado allí? El hombre palideció,
comenzó a balbucear justificaciones.
Nos has mentido, aquí no estás diciendo la verdad, lo emplazó
Julio Casas, no has estado en esos lugares, porque estás todo el
tiempo detrás del buró y no puedes conocer cómo estafan a la
población allí, y te lo puedo decir porque he estado en esos
lugares, he conversado con la gente, y es una falta de respeto con
el pueblo lo que están haciendo en tu delegación; a ti hay que
destituirte.
Pero esa exigencia, no le restaba sensibilidad. También actuaba
con gestos admirables para animar a compañeros que podían cometer
errores, pero reaccionaban con vergüenza para corregirlos. Un día,
en una reunión, un compañero recibió agudas críticas y durante el
receso se comportaba avergonzado ante el resto de los participantes,
el General de Cuerpo de Ejército se acercó a él y poniendo sus manos
en los hombros del compañero, le dijo —mira, te comprendo, cuando
yo era jefe de logística recibí señalamientos, me sentí como tú,
pero siempre me dije que aquello tenía que ser un reto para ser
mejor, así que no te amilanes, sigue combatiendo.
Las palabras del General de Ejército al presentar a Julio Casas
como Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias ante la
Asamblea Nacional el 24 de febrero del 2008, son elocuentes en la
valoración como para comprender que la Revolución ha perdido a un
hombre multifacético, no solo a un organizador militar, sino también
a un dirigente con profundo sentido de la dirección de la economía
que deja huellas profundas en el accionar de nuestras Fuerzas
Armadas Revolucionarias, en su auto sustentación y desarrollo en
esta etapa crucial.
Y como se plantea en la nota del Buró Político del Partido, es
preciso saber, además, que ese General que acostumbramos a ver
callado, meditabundo, en las sesiones de la Asamblea Nacional, en el
Comité Central, en los Consejos Militares, por sus profundas y
revolucionarias ideas ha sido uno de los arquitectos principales en
todo el proceso de los Lineamientos Económicos y Sociales del Sexto
Congreso del Partido y de las medidas en marcha.
El General Julio deja al sistema de dirección cubano un método,
una huella, de cómo debemos hacer las cosas para perfeccionar el
socialismo.