Jazz con temperamento

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Roberto Fonseca conoce muy bien las razones que lo llevan a subir habitualmente a los escenarios. Para el director de Temperamento no se trata de entregarse al hecho artístico como si se tratara de un mero trámite o una cuestión formal. Lo suyo es convertir cada concierto en una prueba de fuego que le permita ensanchar sus límites creativos y reinventarse como instrumentista.

Foto: Yander ZamoraEl más reciente capítulo de la saga de "Fonseca" sucedió en el patio del Museo Nacional de Bellas Artes. Fue el escenario elegido por el autor de Zamasu para soplar velas por los 15 años de la banda Temperamento, que fundó en 1997 junto al flautista y saxofonista Javier Zalba, exintegrante de Irakere. Para la ocasión este joven mago del jazz cubano, sacó bajo la manga un interesante diseño estilístico que redefine el presente de la agrupación y quizás, por qué no, su futuro más cercano.

La exploración de territorios inusuales en la escena del jazz cuban, se reconoció sobre todo en los momentos más cálidos del concierto, en el que Temperamento, formado además por el baterista Ramsés Rodríguez, y el contrabajista Omar González, interpretó una selección de obras de impecable factura ante un público que llenó la instalación.

Con apenas 36 años Fonseca revela desde hace mucho un instinto de viejo lobo del jazz. Por eso lanzó sus golpes de gracia con la dosis de ingenio y creatividad que pedía a gritos cada tema. Así supo interpretar con elegancia y sobriedad los paisajes más íntimos y callados y desfogarse en la ejecución de piezas llenas de matices sonoros y colores como un collage de Andy Warhol. Lo anterior saltó a la vista en títulos como Triste Alegría, Lento y despacio, Bulgaria, o Ñejo (dedicada a Ibrahim Ferrer), piezas en las que todos los componentes de la alineación mantuvieron una peculiar complicidad y un incesante diálogo entre ellos para contribuir a las ofrendas melódicas del ensemble, cuya entrega se fortaleció con los aportes de los músicos invitados: el percusionista Andrés Cuayo, el trompetista Roberto García y el guitarrista Jorge Chicoy. La inconfundible química entre la banda cobró una extraordinaria dimensión entre Fonseca y Zalba, dos músicos que se conocen como si fueran hermanos gemelos y se despachan a gusto en intercambios sonoros con los que protagonizan momentos de gran intensidad.

Hay que tomar nota también del interés de este pianista y compositor por dinamitar las fronteras entre los géneros y sacarle el máximo de partido al formato de su grupo. Algo que lo ha impulsado a trabajar estrechamente con artistas como la rapera Danay Suárez, quien ha dejado de ser uno de los secretos mejor guardados de la música alternativa cubana para convertirse en una intérprete con todas las de la ley. Esta vez Danay llegó acompañada de Magia López, miembro de Obsesión, para adentrarse en El disco negro, el nuevo fonograma de este legendario grupo capitalino. Luego ascendió al escenario Alexey Rodríguez, la otra mitad de Obsesión, para continuar repasando pistas de su flamante álbum. El viraje del concierto al mundo del hip hop discurrió por cauces naturales, acentuando la idea musical de esta banda que acaba de dar una master class sobre lo que significa realmente hacer jazz con temperamento.

 

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