Roberto
Fonseca conoce muy bien las razones que lo llevan a subir
habitualmente a los escenarios. Para el director de Temperamento no
se trata de entregarse al hecho artístico como si se tratara de un
mero trámite o una cuestión formal. Lo suyo es convertir cada
concierto en una prueba de fuego que le permita ensanchar sus
límites creativos y reinventarse como instrumentista.
El
más reciente capítulo de la saga de "Fonseca" sucedió en el patio
del Museo Nacional de Bellas Artes. Fue el escenario elegido por el
autor de Zamasu para soplar velas por los 15 años de la banda
Temperamento, que fundó en 1997 junto al flautista y saxofonista
Javier Zalba, exintegrante de Irakere. Para la ocasión este joven
mago del jazz cubano, sacó bajo la manga un interesante diseño
estilístico que redefine el presente de la agrupación y quizás, por
qué no, su futuro más cercano.
La exploración de territorios inusuales en la escena del jazz
cuban, se reconoció sobre todo en los momentos más cálidos del
concierto, en el que Temperamento, formado además por el baterista
Ramsés Rodríguez, y el contrabajista Omar González, interpretó una
selección de obras de impecable factura ante un público que llenó la
instalación.
Con apenas 36 años Fonseca revela desde hace mucho un instinto de
viejo lobo del jazz. Por eso lanzó sus golpes de gracia con la dosis
de ingenio y creatividad que pedía a gritos cada tema. Así supo
interpretar con elegancia y sobriedad los paisajes más íntimos y
callados y desfogarse en la ejecución de piezas llenas de matices
sonoros y colores como un collage de Andy Warhol. Lo anterior
saltó a la vista en títulos como Triste Alegría, Lento y
despacio, Bulgaria, o Ñejo (dedicada a Ibrahim
Ferrer), piezas en las que todos los componentes de la alineación
mantuvieron una peculiar complicidad y un incesante diálogo entre
ellos para contribuir a las ofrendas melódicas del ensemble, cuya
entrega se fortaleció con los aportes de los músicos invitados: el
percusionista Andrés Cuayo, el trompetista Roberto García y el
guitarrista Jorge Chicoy. La inconfundible química entre la banda
cobró una extraordinaria dimensión entre Fonseca y Zalba, dos
músicos que se conocen como si fueran hermanos gemelos y se
despachan a gusto en intercambios sonoros con los que protagonizan
momentos de gran intensidad.
Hay que tomar nota también del interés de este pianista y
compositor por dinamitar las fronteras entre los géneros y sacarle
el máximo de partido al formato de su grupo. Algo que lo ha
impulsado a trabajar estrechamente con artistas como la rapera Danay
Suárez, quien ha dejado de ser uno de los secretos mejor guardados
de la música alternativa cubana para convertirse en una intérprete
con todas las de la ley. Esta vez Danay llegó acompañada de Magia
López, miembro de Obsesión, para adentrarse en El disco negro,
el nuevo fonograma de este legendario grupo capitalino. Luego
ascendió al escenario Alexey Rodríguez, la otra mitad de Obsesión,
para continuar repasando pistas de su flamante álbum. El viraje del
concierto al mundo del hip hop discurrió por cauces naturales,
acentuando la idea musical de esta banda que acaba de dar una
master class sobre lo que significa realmente hacer jazz con
temperamento.