Homenaje a un donante de sangre

Manuel ya tiene relevo firme

Miguel Febles Hernández

Visiblemente emocionado escuchó Manuel Enamorado Gómez el dictamen que declaraba al Banco Provincial de Sangre de Camagüey como Colectivo Moral, máximo reconocimiento que otorga el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Salud a las instituciones del sector en el país.

Foto del autor“Ese gesto nos hace mejores seres humanos”, confiesa Manuel Enamorado Gómez.

No era para menos: durante más de cuatro décadas, bajo cualquier circunstancia y sin mayores interrupciones, Manuel entregó su sangre de manera voluntaria en generoso y solidario gesto, que habla de sus virtudes humanas puestas en función de salvar las vidas de sus semejantes.

En ese instante lo colmaban emociones encontradas: mientras compartía la alegría del destacado colectivo por la alta distinción recibida, sentía a su vez una profunda nostalgia, pues era también el momento preciso para despedirse como donante al arribar a la edad límite de 65 años.

"Recuerdo que mi primera donación fue en 1963, en respuesta a la necesidad de un compañero que tenía a su esposa enferma. Para esa fecha yo prestaba servicios en las Tropas Radio Técnicas de las FAR y desde entonces aporté mi sangre como una cosa normal cada tres meses aproximadamente".

A estas alturas Manuel acumula ya más de 140 donaciones, incluidas las que efectuara mientras cumplía misión internacionalista en Etiopía a mediados de los años ochenta:

"Hasta hoy fui donante de la reserva del Banco de Sangre. Como mi grupo sanguíneo es O negativo, que es realmente muy escaso, cuando se necesita por determinada urgencia me convocan a cualquier hora del día o de la noche, y siempre doy mi disposición".

Jubilado del sector del transporte urbano en Camagüey, Manuel confiesa sentir una enorme satisfacción cada vez que extiende el brazo para aportar su sangre, consciente de que, con ello, contribuye modestamente a salvar una vida.

"Yo digo que todo el que pueda hacerlo no debe dudar un segundo en dar el paso al frente. Como mi caso, se cuentan por miles en el país. Ese gesto nos hace mejores seres humanos. A veces una simple transfusión a tiempo basta para evitar la muerte de un enfermo".

"De todas formas, asegura sonriente, ya tengo el relevo asegurado: mi hijo, Manuel Humberto Enamorado Cárdenas, chofer de profesión igual que yo, es también donante de sangre. ¿Quiere usted mayor orgullo?".

 

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