
Tomar bastante agua es un consejo que escuchamos a diario a
médicos y amigos, pero como todo, el límite y la cordura necesitan
imponerse, porque si bien es cierto que ingerir poca es malo,
beberla en exceso también.
Al consultar diversos sitios de salud encontramos que recomiendan
como válido dividir el peso corporal tomado en kilos por 30. De este
modo, si una persona pesa 70 kilogramos, debe beber al menos 2,3
litros de agua al día.
Cifras más, cifras menos, y siempre dependiendo de cada persona,
el trabajo que realiza y la región del mundo donde vive, el consumo
promedio de agua que debemos tomar es algo que podemos decidirlo
nosotros mismos.
Al igual que ocurre en la Tierra, donde el agua es mayoría,
nuestro cuerpo está compuesto aproximadamente en un 75 % de este
líquido, distribuido en células, tejidos y otros órganos.
Prácticamente nadie desconoce que beber poca agua afecta a todo
el organismo, siendo los riñones los que al final resultarán
dañados, no sin antes provocar síntomas tan variados como piel seca,
sed intensa, mareos e incluso pérdida de la conciencia. Y partiendo
de ese conocimiento comenzó a extenderse la práctica de beberla más.
Los productores de agua embotellada exageraron la nota y
comenzaron una campaña para que todo el que pudiera, cargara con su
botella. Negocio redondo no exento de verdad, como también lo es que
el agua va camino de convertirse en un elemento tan precioso, por
escaso, como es hoy el petróleo.
Aunque fuera de nuestro cuerpo, el agua potable es una inversión
que genera cifras con muchos ceros. Dentro de nosotros quien la
regula es el hipotálamo, una región ubicada en la base del cerebro y
formada por centros controladores de funciones tales como el hambre,
el sueño, la actividad sexual y la sed.
Cada día eliminamos líquidos y electrolitos a través de la
transpiración, la orina y la respiración, y de este modo nuestro
organismo repone a diario el mismo volumen perdido a través de la
ingesta de los alimentos y el agua.
No hace falta ser científico para darnos cuenta de que tenemos
sed; un poco de sentido común nos lleva a beber porque (y esto
también es sabido), cuando la boca está seca, tosemos, nos sentimos
cansados, orinamos poco y sudamos menos... significa que el proceso
de deshidratación ya comenzó.
Estar deshidratado por falta de agua o por causa de un proceso de
vómitos, fiebre o diarreas, es algo bastante común y ahí el consejo
no falla: tomar agua. Pero poco se habla del fenómeno inverso: la
sobrehidratación y sus peligros.
Aunque el dato corresponde a junio del 2005, el sitio digital
Medicina XXI.com se hace eco aún hoy de un informe publicado por un
grupo de científicos en el New England Journal of Medicine, donde
aseguran que durante la maratón celebrada en la ciudad
estadounidense de Boston, en el 2002, el 13 % de los corredores puso
en peligro su vida por beber más agua de la que necesitaban.
Ellos sufrieron lo que los médicos conocen con el nombre de
hiponatremia, es decir, un nivel de sodio demasiado bajo causado por
beber demasiado H2O.
En su nivel de máximo riesgo, la sobrehidratación puede producir
inflamación cerebral por acceso de demasiado líquido al cerebro, y
entre los síntomas que destacan figuran la letargia, (tendencia al
sueño, disminución de la capacidad para reaccionar), agitación,
convulsiones, síntomas todos que pueden llegar a confundirse con los
de la deshidratación y llevarnos erróneamente a beber más.
Recordando siempre que cada persona es diferente, y que quien
tiene la última palabra es el médico, además de los datos
anteriores, mencionemos uno que puede orientarnos a rectificar el
exceso de líquido que ingerimos a diario: el color de la orina. Si
es constantemente muy clara, significa que estamos forzando a los
riñones a trabajar a tope y por gusto.
Así es que ojo con el agua, ni poca, ni mucha, solamente la
necesaria, y aunque el escritor italiano Lucio Apuleyo (123-180)
casi seguro se refería aquí al vino, viene como anillo al dedo su
sabio consejo: "El primer vaso corresponde a la sed; el segundo, a
la alegría; el tercero, al placer; el cuarto, a la insensatez".
(Especial de la AIN)