Quisiéramos expresar un criterio porque nos parece que hay que
mirar adelante con sentido crítico y con ciencia.
Detrás de una gran cantidad de entidades y centros de trabajo hay
una cultura de funcionamiento sutil y no visible que le está
haciendo mucho daño al desarrollo de nuestro país y a los
trabajadores de esos centros de trabajo. Y ese comportamiento no se
trata de corrupción sino de insuficiente manejo de los recursos
productivos, y de concentración de las decisiones en la parte más
alta de sus directivos administrativos sin un uso correcto de los
instrumentos y normas de la planificación, el control, entre otros.
En los últimos 20 años las decisiones administrativas han estado
girando cada vez más en torno a las consideraciones individuales de
los jefes y cada vez menos en torno a la participación social. En
todo esto la pérdida de la beligerancia del movimiento obrero a
favor de los trabajadores del centro y de la sociedad, ha ido
mermando y reclama de un refuncionamiento, de una reinvención.
Todos estos fenómenos son sutiles y rara vez son detectados por
las auditorías externas que reciben las entidades.
Realmente la ciencia de la economía política aplicada a nuestro
sistema de gestión empresarial le debe mucho a la maduración de los
sentidos de pertenencia y los sentimientos de co-propietarios de sus
trabajadores, pero debiéramos proliferar ese sentido del socialismo
en funciones efectivas y hacer de cada empresario y trabajador una
especie de co-propietario para darle un valor mucho más real a la
propiedad social.
En los contextos sociales del siglo XXI y su transición
socialista, además de la implementación de los resortes del mercado
(cuentapropismo, sistema fiscal y de precios incluido), son cuatro
los elementos básicos que a nuestro entender deben garantizarse para
que el sistema empresarial estatal socialista cubano logre el
autogobierno responsable anhelado y los cito: Un fuero legal que lo
establezca, lo garantice y lo proteja; que los empresarios puedan y
se les permita decidir, poder mandar en pos del alcance de sus
objetos sociales y misiones; que los trabajadores de estas entidades
puedan retener una parte de las utilidades o resultados finales
alcanzados, luego de haber cumplido con un sistema fiscal
estimulante y compulsar perentoriamente de los esfuerzos por
alcanzar los desarrollos corporativos con todas las consecuencias y
contribuciones positivas que ello tiene finalmente en la economía
nacional. No permitir que el poder se concentre en los jefes
administrativos, sino que haya un equilibrio de poder en las
entidades sobre la base de la exigencia entre todos los factores
administrativos, políticos y de masa, para que funcione la rendición
de cuenta.
El hurto, el robo, el despilfarro, la chapucería, la falta de
implicación en los procesos de gestión productiva, la anomia, la
desidia, la carencia de laboriosidad, son las revelaciones
manifiestas de las violaciones de las leyes objetivas de
construcción del socialismo cuando se organiza la base material de
forma extemporánea y sin tener en cuenta sus regulaciones.
La objetividad de la división social del trabajo, la
depauperación de las condiciones de trabajo y el insuficiente
desarrollo de los productores conducen inexorablemente a la
necesidad de organizar la producción y la gestión sobre la base de
la existencia de las relaciones mercantiles y de las categorías
mercantiles, entre ellas el dinero, el mercado, los precios y la
empresa.
Resulta entonces que aunque en la empresa la propiedad sobre los
medios sea estatal, el trabajo encerrado en las mercancías
resultantes tiene un carácter social y "privado" a la vez y en
contradicción dialéctica entre los intereses de la sociedad, los
intereses de los colectivos y los intereses individuales, donde la
objetiva distribución de acuerdo al trabajo los concilia si se
desarrollan los cuatro elementos básicos más arriba apuntados en el
diseño del sistema empresarial.
Toda esta realidad económico-material tiene su reflejo en el
imaginario y las creencias compartidas de los trabajadores, por lo
que si se hacen las cosas inteligente, científica y valientemente a
nivel de entidad y de comunidad, podemos lograr conductas
productivas eficaces, eficientes, austeras, participativas, humanas
y generadoras de los valores de las mujeres y los hombres de
nuestros tiempos, sobre todo de ellas para las que se suma el lastre
de la inequidad de género en lo laboral.
Debemos aprovechar que el Sexto Congreso quedó abierto en el
sentido de proponer y aprobarse nuevos Lineamientos de ser
necesario. En materia de mejoramiento, desarrollo, refuncionamiento
y rehabilitación del sistema empresarial estatal para lograr
participación real, eficaz y sin formalismos, hay mucha tela por
donde cortar.
Para lograr todo esto en Cuba contamos con talentos y
trabajadores para hacer investigaciones, pruebas pilotos, tormentas
de ideas, etc. tenemos miles de Secciones de Base de la ANEC,
Universidades con equipos de ingenieros industriales, antropólogos,
sociólogos, comunicadores; de igual forma Centros de
Investigaciones, Organismos, Eventos Científicos, movimientos como
la ANIR, las BTJ, el Fórum de Ciencia y Técnica, Comisiones para el
Desarrollo Local, el incipiente —pero no utilizado en toda su
potencialidad— movimiento de talentos barriales formuladores de
proyectos comunitarios, así como muchas otras posibilidades para
organizar bien nuestra sociedad, entre ellas los Grupos de Mejora
Continua de las empresas en proceso de perfeccionamiento
empresarial.
Desgraciadamente de lo que sí carecemos en muchos de nuestros
directivos para llevar a cabo estas tareas, es de una alta dosis
requerida de audacia, de espíritu innovador, de vocación de servicio
a los cambios que demandan los trabajadores y el Partido.
(*) Máster en Ciencias Sociales y Economista