Sería irrepetible el hito de La Habana 1991. Estados Unidos no
perdió la oportunidad de recuperar terreno y reconquistó el liderato
por medallas, con 170 de oro y 424 en total, frente a 112 y 238 de
Cuba, de nuevo en el segundo escaño, aunque satisfecha por exhibir
holgadamente su mayor cosecha de premios en calidad de visitante,
fijada en Indianapolis 1987 en 75 doradas y 175 de los tres colores.
Para conseguir el éxito, los estadounidenses presentaron una nube
de atletas, 751, y solo no intervinieron en la pelota vasca. Los
anfitriones argentinos participaron en todo, pero con 702
competidores, mientras que Cuba asistió con 499.
El verano en el cono Sur finaliza en marzo, enmarcándose los
Juegos del 11 al 26, con números indudables de la superioridad
cuantitativa:
Presentes los 42 países de ODEPA, incluidos Dominica, San
Cristóbal y Nevis y Santa Lucía, últimos en ingresar; siete deportes
más con presencia inédita (badminton, esquí acuático, kárate-do,
pelota vasca, racquetbol, squash y triatlón); casi 100 juegos de
medallas más, 5 144 competidores¼
Se precisaron varias sedes para tantos deportes. Los marplatenses
acogieron 27, Buenos Aires nueve, mientras Paraná celebró el softbol
y Santa Fe el esquí náutico. El programa estuvo tan abultado que la
gimnasia artística y el fútbol comenzaron antes de la inauguración
oficial.
Cuba sorprendió por segunda vez sucesiva en atletismo, 18 oros
por 13 estadounidenses, resultado del trabajo eficiente en el alto
rendimiento. Aportaron al esplendor cualitativo portentos de la
talla de Iván Pedroso, autor de un sólido 8.50 metros en longitud,
Yoelbi Quesada, 17.67 en triple, segunda de tres coronas sucesivas,
y Javier Sotomayor, insaciable tras un sobrado récord continental de
2.40, todavía regaló esfuerzo por aumentar su primado mundial.
En jabalina Emeterio González comenzó la ruta hacia el
tricampeonato, familiarmente ampliado a cuatro, pues su hermano
Ramón coronó en La Habana 1991. Por si fuera poco, en la velocidad
descollaron Iván García en 200 m y Norberto Téllez en 400, ambos
dorados en 4x400, más el subliderato de Joel Isasi en 100, oro de
abridor en el relevo corto.
El femenino también exhibió éxitos y presencia olímpica notable
con Maritza Martén en disco e Ioamnet Quintero en salto alto,
laureadas en Barcelona 1992, además de brillar como los varones en
la velocidad por intermedio de Liliana Allen (200), Julia Duporty
(400 y relevo), y Aliuska López, 100 con vallas.
También la Mayor de las Antillas mostró su tradicional fortaleza
en béisbol y voleibol femenino —irrepetibles con siete cetros en
línea, ¡desde Cali 1971!—, volvió a dominar el balonmano varonil y
mantuvo la hegemonía de los púgiles, 7 coronas de 12, significando
las terceras en sucesión por parte de Julio González y del mítico
Félix Savón.
Los forzudos en lidia con las palanquetas de pesas acopiaron 21
oros de 30, faena matizada peculiarmente por el récord mundial de
207.5 kg a cargo de Pablo Lara en envión; dominaron igualmente los
esgrimistas, las muchachas de la gimnasia rítmica, los de kárate-do
y lucha, y el equipo de judo, concretando sus muchachas
sobresaliente barrida, ocho de ocho.
Al llegar a la clausura quedó rubricada la capacidad de los
argentinos para cumplir lo prometido y mostrar a toda América un
pueblo marplatense pletórico de amor, cariño y respeto por los
Juegos en sí y por sus invitados, que otros resultarían incapaces de
imitar.