Faltaban
catorce años para que falleciera la excepcional actriz que le dio
seña, cuando una flamante institución cultural de Cienfuegos era
bautizada bajo su influjo y nombre, el 1 de septiembre de 1911.
En siete meses y 17 días, el teatro Luisa Martínez Casado fue
erigido en el Paseo de Vives (hoy del Prado, calle 37): bella
instalación, de estilo inicialmente ecléctico y diseño interior a la
italiana, dotada de 600 lunetas, 18 palcos y cuarto grillés.
Durante sus primeras décadas escalaron a su escenario luminarias
de la danza, las letras y por supuesto el teatro, a la manera de Ana
Pavlova, Gabriela Mistral y Arquímedes Pous.
Originalmente concebido solo como institución teatral, no
obstante ya en el mismo mes de su surgimiento eran exhibidos cortos
del cine mudo en la pantalla instalada. Hacia 1930 eran numerosos
los filmes proyectados. Es por esta fecha que resulta objeto de un
proceso de reformas y remozamiento integral.
Tras su segunda etapa, marcada a partir del 18 de noviembre de
1931, ampliaba su capacidad a las 1 500 lunetas, cifra más tarde
incrementada en otras 200. En dicha ocasión, el recién adquirido
equipo de proyección de patente Western Union difuminó en el recinto
oscuro las imágenes de un filme de Carlos Gardel, en calidad de
estreno nacional. Cosa habitual por la época, cuando se efectuaban
premieres aquí antes o al unísono de la capital.
Por segunda oportunidad, el cine-teatro recibe una remodelación
hacia 1945. Si bien se señala la década como el momento en que se
confiere preeminencia a la pantalla sobre el teatro, continúan los
vodeviles de Mario Martínez Casado; las compañías de Enrique
Arredondo, Bolito Landas, Carlos Pous y otras.
Como la mayoría de las salas cinematográficas principales de
Cuba, el Luisa conoció en su pantalla, de modo paulatino, los
avances de este arte, desde la voz, el color, el Technicolor y el
Cinemascope hasta el sonido estereofónico o el 3 D. El 4 de julio de
1953 los perlasureños debieron pertrecharse de espejuelos o lentes
polaroid para apreciar un largometraje en tercera dimensión.
Al triunfo de la Revolución, la sala formó parte del ICAIC y a lo
largo de casi tres décadas por su lienzo blanco desfilaron, en el
formato casi mítico de 35 milímetros, los clásicos de Bergman,
Fellini, Antonioni, Kurosawa, Alea, Solás, la Nueva Ola Francesa, el
Free Cinema Británico, el Nuevo Cine Norteamericano de los setenta,
el Nuevo Cine Latinoamericano, en fin, parte de lo mejor brindado en
muchos años por este arte.
Muchos lugareños fijan en su retina las inmensas colas para
filmes de irregulares calidades, al modo de La vida sigue igual,
Tiburón sangriento, Más allá del miedo, Vértigo,
La chica terremoto, La hora Texaco, La cámara 36 de
Shaolín, El flautista contra los ninjas y muchos otros.
Recientemente, la pasión expresada por el público ante la exhibición
de la cinta nacional Habanastation hacía recordar momentos de
una época pasada.
Pese a los esfuerzos del Centro Provincial de Cine por infundir
variedad a la programación y exhibir cuando menos los tres o cuatro
estrenos mensuales de peso enviados por el ICAIC, buena parte de las
funciones se realizan hoy con escaso público.
Esto ocurre en muchos cines del país e incluso de todo el
planeta, dado, entre diversas causas, por las amplias opciones para
el visionaje hogareño brindadas por la tecnología actual. Sin
embargo, al margen de lo antes señalado y otras condicionantes
sociológicas compartidas en la nación, inciden igual los muchos años
en que la sala ha permanecido sin aire acondicionado.
De cara a su centenario, la instalación (merecedora del Premio
Jagua 2011) fue remozada y se inauguró en sus predios una pequeña
aunque confortable sala para la Cinemateca de Cuba, la cual dispone
de 32 lunetas y sí posee climatización.
A lo largo de todo el año tuvieron lugar acciones de homenaje a
la relevante efeméride, que incluyeron presentaciones especiales,
ciclos y la presencia de actores y directores cubanos, quienes
propusieron a los asistentes los más recientes títulos de nuestra
pantalla. Lo más cercano en materia de recordación: el espectáculo
central del sábado 27 con Amaury Pérez Vidal.
El Luisa es sede permanente del Festival del Nuevo Cine
Latinoamericano, del Festival de Cine Francés y de los eventos
nacionales Jorge Villazón y SURIMAGEN, organizados por el Centro
Provincial de Cine. Amén de fungir como escenario de giras
nacionales de importantes creadores, gracias a su colaboración con
los Centros de la Música y las Artes Escénicas.
En tanto sala polivalente que en la práctica es hoy, contribuye
al trabajo comunitario, la ejecución de actos patrióticos,
exposiciones de artes plásticas, actividades recreativas y
presentaciones musicales o teatrales.