|
|
|
Dos seres, un nombre propio
Dilbert Reyes Rodríguez
A la presentación ante Erlinda Yero Liens, lo acompañó un
premeditado apretón de manos. Fue fuerte y seguro, era de esperar,
pero al girarle y mirar sin discreción ni permiso la palma,
sorprendió la mano delicada, a pesar del trabajo recio y constante.
Maris
Blanca Pantoja.
"Es que la leche de búfala tiene mucha grasa, y no deja formar
callos ni cachaza", aseveró guiñando el ojo.
De sus 57 años entre la Sierra natal y los pastos circundantes a
la ciudad de Bayamo, esta madrugadora de oficio ha dedicado 23
calendarios al ordeño del ganado, "primero de vacas, y desde el 2004
con las búfalas de la Empresa Pecuaria La Bayamesa".
Precisamente la última labor ha distinguido a la señora,
merecedora este año del Premio Nacional a la Excelencia de la Mujer
Productora, otorgado por la Asociación Cubana de Producción Animal.
Erlinda
Yero Liens.
"Dijeron que era la única en Cuba dedicada al ordeño de búfalas,
y yo quisiera que no fuera así, sino que hubiera muchas mujeres en
esto, como en el resto de los sectores.
"Sin embargo, en otra unidad cerca de aquí, ya hay una muchacha
haciéndolo también, con el mérito, incluso, de ser la propia jefa
del establecimiento. Eso me alegra mucho, porque reafirma que las
mujeres cubanas podemos hacer cualquier cosa, y con buenos
resultados. Por ejemplo, yo lo mismo ordeño, que raspo y lavo las
ubres, pastoreo, y hasta me pongo a reparar las cercas".
Segundo Ferrer, jefe de la unidad bufalina número 4, lo confirma:
"Queremos mucho a Erlinda, pero no le bajamos la carga por ser
mujer. Ella misma no lo admite, y puede competir con cualquiera de
nosotros.
"¡Maripoooosa, ven!", entona ella, y ata el animal a la armadura
del corral. Mientras, otro obrero limpia todo el vientre de fango
—hábitat natural del búfalo— y lava muy bien la ubre para que
Erlinda nos relate su rutina diaria, desde el despertar a las cuatro
de la mañana, el ordeño a partir de las cinco y media, y el resto de
la jornada dedicada a la atención del ganado; que en su unidad está
conformada por 50 búfalos, nueve hembras en ordeño, dos novillas, 14
añojos y 11 crías, "todos gordos como una canoa".
Ya con la ubre entre las manos, Erlinda no detendrá el pulso
hasta topar los cuatro litros, buen promedio, "y eso que dejamos un
cuarto para el ternero", explica ella. Este es su mejor argumento a
fin de demostrar que, si las hay, sobran los dedos de una mano para
contarle a la cubana las cosas imposibles.
"MANEJAR" LA RESPONSABILIDAD
De nuevo en un ambiente dominado por hombres, Granma
encontró a otra mujer de carácter curtido por 34 años de
responsabilidad creciente.
Maris Blanca Pantoja de ningún modo es, por laborar entre tantos
papeles y a resguardo del sol en una oficina, la antítesis de la
ordeñadora Erlinda. Más bien es el equilibrio, la otra cara que
ilustra la condición multifacética de las mujeres, enaltecidas por
Fidel y defendidas por Vilma Espín, quien las agrupó en la
Federación un memorable 23 de agosto.
"Precisamente en Vilma pensamos y conversamos anoche mi esposo y
yo, luego de repasar mi vida laboral, iniciada como joven oficinista
de la antigua Empresa Expedidora del Oriente. A ella le dio tiempo
para contemplar el fruto de su lucha, y observar el paso de la
mujer: de atender solo las tareas de la casa, a protagonista del
trabajo en Cuba."
Maris Blanca es hoy subdirectora de recursos humanos de la
Empresa de Transporte en la provincia de Granma, y aunque la
modestia le hizo hablar "entrelíneas", se descubre que el éxito de
su labor radica en saber cómo dirigir el más preciado componente de
cualquier producción: la fuerza de trabajo.
"En este tipo de responsabilidad nada es mejor que la relación
directa, el acercamiento laboral. Así he tratado de hacerlo, y creo
que por eso no ha importado el predominio de varones en el sector.
Con frecuencia, muchos obreros vienen directo a mí, a decirme su
problema, y eso es una gran muestra de confianza que no puede
pagarse con desatención.
"La otra parte es el sentido de la responsabilidad. Cumplir a
tiempo cada tarea es una cuestión de respeto a sí mismo, de ganarse
a los demás, y la posibilidad de exigir con menos esfuerzo y uso de
la jerarquía, afirma quien ha recibido la medalla 23 de agosto, que
otorga la FMC.
"Confieso una dosis de obsesión en hacer las cosas bien y a
tiempo. Esa es la culpable de muchas de mis deshoras; pero mi
familia, con esposo, tres hijas e igual cantidad de nietos, saben
cómo ofrecer apoyo.
Si no, ¿de qué otra manera la mujer puede ser el pilar
fundamental que es, en la obra de esta Revolución?".
Tomadas al azar entre millones, a Maris Blanca y Erlinda todo el
orgullo le caben en dos palabras que son como nombre propio: Mujer
Cubana. |
|
|