Aprovechar al máximo la extensión de la tierra

RONAL SUÁREZ RIVAS y RONAL SUÁREZ RAMOS

Sin una sola pulgada por explotar, ocupada con cultivos varios, 36 especies diferentes de frutales y 150 cabezas de ganado, la finca de José Nicolás Casañas, barrida —literalmente— por los huracanes Gustav y Ike hace casi tres años, bien pudiera constituir un paradigma de aprovechamiento de la tierra.

FOTO: Ronal Suárez rivasUna plantación de algo más de una hectárea de uva que ya entra en su primera cosecha, es la última novedad.

"¿Usted ve aquel poblado? Aquí cayeron los techos de varias de sus viviendas", dice el campesino mientras apunta con el dedo hacia Fierro, a más de dos kilómetros de distancia.

Y luego, para continuar ofreciendo imágenes de la magnitud de la destrucción, añade que las matas de guayaba que rodeaban su casa fueron arrancadas de cuajo y lanzadas a 500 metros.

Hasta entonces, Casañas sobresalía por la actividad apícola, con entregas de miel que llegaron a superar las 62 toneladas anuales, pero los enormes estragos causados por los huracanes a la vegetación, un elemento indispensable para el trabajo de las abejas, lo obligó a explorar nuevos horizontes.

El resultado: más de 1 000 toneladas de alimentos (20 000 quintales) aportados en el 2010, a partir de las plantaciones de plátano, fruta bomba, piña, frijoles, tomate, maíz y mango. Una cifra que, todo indica hasta ahora, superará este año con la incorporación de una hectárea de uva.

Situada en el municipio de Los Palacios, muy próxima a los límites con la provincia de Artemisa, la finca de Casañas no solo resalta por la magnitud de sus producciones, sino por una eficaz estrategia de intercalamiento, dirigida a fomentar las áreas de frutales sin tener que esperar varios años para sacar provecho de la tierra.

O sea, que miles de posturas de mango, aguacate y mamey crecen entre los sembrados de cultivos varios.

"Muchos campesinos perdieron el interés por el desarrollo de los frutales, porque los resultados demoran en percibirse, pero de esta manera, mientras crece la arboleda, el suelo sigue generando alimentos", asegura el destacado productor de 68 años, quien considera que la práctica es algo así como asegurar su "chequera de jubilación", pues sería la manera de continuar obteniendo riquezas de su tierra cuando las condiciones físicas ya no le permitan llevar a cabo las labores que hoy realiza guataca o machete en mano.

Siguiendo el mismo principio de sacarle el máximo al suelo, en tres caballerías incorporadas en usufructo mediante el Decreto-Ley 259, Casañas ha logrado además de-sarrollar la ganadería, de la cual ha entregado 90 toros, cebados con un peso promedio de 430 kilogramos, al tiempo que extrae diariamente más de 100 litros de leche.

El secreto: tener plantado dos tercios de la tierra con caña y kingrass, con el propósito de asegurar la alimentación de los animales.

"Gracias a eso, este año no perdimos ninguno a causa de la intensa sequía", afirma.

"Hay quienes piden grandes extensiones para luego tener cuatro vacas, porque no se ocupan de la tierra, no siembran pastos y a veces, ni chapean el marabú."

En contraste, las reses de Casañas se hallan prácticamente estabuladas en un área cubierta, en su inmensa mayoría de forraje. "Así nos aseguramos de que la comida para el ganado no falte, aun cuando haya sequía", explica el destacado productor, ejemplo de una laboriosa familia que ha seguido sus pasos.

Situada en una zona donde escasea la fuerza de trabajo disponible para el campo, la finca se sustenta fundamentalmente con el esfuerzo familiar: tres hijos con sus respectivas esposas, un hermano, un sobrino y dos nietos. Solo eventualmente contratan algunos obreros.

"Esa es mi mayor satisfacción, porque vivimos en un país cuyo principal recurso es la tierra", sostiene el destacado campesino, sin rencores con la naturaleza que en el 2008 le jugó una mala pasada.

Por ello advierte con orgullo que "quienes nos visiten hoy no notarán ninguna señal del paso de los huracanes, y si regresan el año próximo, hallarán una finca todavía mejor".

 

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