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La ópera prima de Jardines del Rey
La primera instalación turística levantada en
los cayos al norte de Cuba, hace 18 años, está por concluir una
reparación capital que la relanza como nueva al mercado del ocio
ORTELIO GONZÁLEZ y JUAN ANTONIO BORREGO
MORÓN, Ciego de Ávila.—Denis Boies, un canadiense que ha
regresado nueve veces en los últimos tres años al hotel Blau
Colonial, de Cayo Coco, justifica su preferencia por la instalación
avileña con una frase que, en buena medida, se corresponde con los
principios fundacionales de la obra: "Vuelvo porque aquí todo me
queda cerca".
El
turismo de familia predomina en el Blau Colonial.
El Blau Colonial no solo fue la primera instalación turística
levantada en la cayería norte cubana, sino también una suerte de
polígono para probar fuerza en una región que hasta entonces era
considerada como virgen por la industria del ocio y donde, a la
vuelta de unos pocos años, ya el país ha consolidado dos de sus
polos más atractivos (Jardines del Rey y Santa María).
Conocido en un inicio como Guitart Cayo Coco (1993-1995), luego
como Tryp Colonial Cayo Coco (1995-2003) y desde entonces hasta la
fecha como Blau Colonial, el hotel fue oficialmente inaugurado el 12
de noviembre de 1993 por el Comandante en Jefe Fidel Castro,
principal inspirador del desarrollo turístico de la zona.
En todas sus épocas el Blau, como se le conoce en los últimos
tiempos, ha funcionado bajo régimen de administración mixta, explica
Victoria María Acosta, actual subdirectora general.
UNA CIUDAD COLONIAL EN EL CAYO
Distribuido en unas 11 hectáreas de costa con excelentes playas,
el hotel presume de un atractivo especial para el visitante: sus 458
habitaciones —incluidas 24 suites— se integran en 23 bloques, todos
con nombres de flores, que imitan una ciudad a la usanza de la
colonia, con cuatro plazas cuidadosamente adoquinadas y predominio
de maderas preciosas en su diseño.
A ese encanto se suman dos restaurantes tipo bufet, otros cuatro
especializados, doce bares, tres piscinas y la conocida discoteca
Salsa Café, todo lo cual conforma una infraestructura ideal para el
turismo de familia que promocionan sus patrocinadores.
Después de casi dos décadas de uso, la instalación ha sido
sometida a un profundo proceso de reparación capital que, según la
subdirectora general, la devuelve como nueva para la próxima
temporada alta, que se iniciará a finales de año.
"Ya prácticamente hemos concluido la remodelación de todas las
habitaciones, incluidas las suites y lo más comprometedor que nos
viene quedando es la piscina de agua dulce", confirma Victoria
María, una de los 45 fundadores que se mantienen en el hotel.
Canadá, Cuba y Argentina son, por ese orden, los países que más
visitantes aportan al Blau. Sus autoridades reconocen el alza
creciente del mercado nacional. A pesar de la lejanía de los centros
poblacionales en tierra firme, sumó en el primer semestre del 2011
más de 5 000 turistas por día.
De esa cifra dan fe las estadísticas oficiales del MINTUR y
también los cocteles que ha tenido que preparar Omar Rodríguez,
cantinero del Acuabar Caney, uno de los puntos preferidos por los
turistas del patio.
EL BLAU Y SU GENTE
La gente que mueve el Blau Colonial llega a diario desde Ciego de
Ávila, Morón, Ciro Redondo y sus alrededores, después de vencer a
veces hasta más de 100 kilómetros de distancia entre sus lugares de
residencia y la instalación.
"Tenemos un colectivo muy estable, hoy estamos prestando
servicios con 167 trabajadores nada más —explica la subdirectora
general—, pero en temporada alta podemos llegar hasta 300, sin
deteriorar los indicadores económicos".
En la preparación del personal ha sido decisivo el papel de la
Escuela de Hotelería y Turismo, de Morón, y de la Universidad
avileña Máximo Gómez Báez, desde que el boom de la cayería cambiara
la rutina en una región que hasta entonces dependía casi únicamente
del cultivo de la caña de azúcar.
Gracias a esa transfiguración llegó al cayo hace 18 años Edeivis
Martín, la muchacha que preparó a la carrera aquellas tres
habitaciones el 12 de noviembre de 1993, sin saber que Fidel Castro
en persona estaría en ellas apenas unas horas más tarde.
De una hornada más reciente, Juan Carlos Ramírez, graduado en el
2008 de la Licenciatura en Turismo y actual especialista en calidad,
no disimula sus preferencias por una instalación en la que, según él
mismo reconoce, echó raíces desde aquellos días de practicante
inexperto en el Blau Colonial, para muchos, la ópera prima de los
cayos del norte de Cuba. |