Cuarenta años se cumplieron ayer desde que el entonces presidente
norteamericano Richard Nixon, mediante señal televisiva, anunciara
al mundo una de las más increíbles acciones de "rescate" monetario
e, intrínsecamente, una de las más burdas y perdurables estocadas al
sistema financiero internacional.
"(... ) he ordenado al Secretario del Tesoro que adopte las
medidas necesarias para defender el dólar frente a los
especuladores. He ordenado al Secretario Connally que suspenda
temporalmente la convertibilidad del dólar en oro u otros activos de
reserva, excepto en las cantidades y condiciones que se determine en
aras de la estabilidad monetaria y en el mejor interés de los
Estados Unidos", expresó.
El desgaste de una década de guerra imperialista con Vietnam,
obligaba a la nación del Norte a convertir cuanto papel y tinta
considerara oportunos en dinero fiduciario cuyo valor, ya no más,
podría respaldar en oro. De esta forma, la misma potencia que había
logrado imponer sus dólares como divisa de referencia mundial, 27
años más tarde se desprendía sin consideraciones de toda obligación
con el resto de las economías.
Según lo rubricado en 1944, como parte de los acuerdos de Breton
Woods, una onza del metal dorado equivalía a 35 dólares, y en base a
esta tasa, los demás países podían usar la moneda norteamericana
para respaldar sus reservas. De la noche a la mañana, tal sistema
vivió su quiebra en un acto de irresponsabilidad unilateral, cuyas
consecuencias todavía no terminan de afectarnos.
De acuerdo con la especialista en Finanzas Marion Mueller, la
incertidumbre, el fraude y la especulación en el sistema financiero
internacional, figuran entre los lastres de aquella acción,
agudizada hoy por el inconcebible endeudamiento de la mayor economía
del planeta.
"Somos una sociedad que confunde deuda con riqueza, que tilda de
prosperidad los beneficios obtenidos mediante ingeniería financiera
y que ignora por completo el impacto que esta última tiene en la
economía", opinó en la publicación Oro y Finanzas.
Nixon apostó por el dólar, y condenó al mundo.