En los estanques de la Unidad Empresarial de Base Alevipe, Luis
Enrique Moreno, técnico en acuicultura y jefe de la brigada, dirige
el proceso de clasificación de alevines planificado para la jornada.
"Separamos los de mayor talla para evitar que depreden a los
menores. El objetivo es asegurar supervivencia y rendimientos
altos", dice.
Al elogiar a sus compañeros, destaca a Geovanis Cuadrado, quien
suministra en tres momentos en el día casi 900 kilogramos de pienso
de ceba y más de 340 de afrecho. "Cuando termina de distribuir la
comida, se suma a la clasificación o a la pesca".
"Alimentar a los animales implica trabajar todos los días. No
podemos permitir que retroceda su desarrollo por inestabilidad en el
suministro de los alimentos".
Antes de marchar otra vez hacia los estanques comenta que
disponen de un molino y una mezcladora destinados a procesar los
subproductos del pescado, que reciben de varias unidades en la
provincia. Con esa masa, argumenta, enriquecen el afrecho.
Mediante esa alternativa, en el primer semestre de este año el
centro redujo la compra de pienso en cerca de 70 toneladas.
La conversación prosigue con Luis, quien ofrece de un golpe sus
consideraciones acerca de los resultados productivos: "No falta
agua, contamos con alevines de calidad y mantenemos una rigurosa
disciplina tecnológica durante la preceba y la ceba".
Aquí hablan de concluir el 2011 con una captura de 200 toneladas.
Con ese fin, a Luis y sus muchachos le incrementaron el área hasta
llegar a dos hectáreas de espejo de agua, al tiempo que la UEB creó
en enero otra brigada de seis integrantes.
Al grupo nuevo le asignaron 1,3 hectáreas (un estanque de tierra
y 16 piscinas de concreto). Marcos Arencibia, técnico de amplia
experiencia, lo dirige. Lleva varios años en el centro, domina los
secretos de la obtención de larvas de diferentes especies y lo
consideran ejemplo del interés por superarse. "Estoy en fase de
elaboración de mi tesis de graduación como Ingeniero en la rama
agroindustrial. El tema es el impacto económico del empleo de los
subproductos de la pesca en la ceba de claria".
Noraida estima que la meta propuesta para finales de este año es
posible y necesaria para incrementar la oferta de alimentos, razón
de ser de los establecimientos de la Pesca en la provincia en su
conjunto.
También lo cree así la bióloga Yamilé García. Esta joven,
considerada un pilar en el proceso productivo, asevera que su
preocupación constante es elevar el índice de supervivencia de larva
a alevín.
ENCRUCIJADA, Villa Clara.— Ya Carlos Díaz no padece los dolores
de cabeza que a diario sufría, al ver que el pienso no alcanzaba
para garantizar la alimentación diaria de las clarias en la Estación
de Reproducción de Alevines y Cebas de Claria y Pez Gato de Pavón,
conocida como PISPAVON.
Concientes él y su colectivo de lo que le cuesta al país ese
producto en el mercado mundial y los problemas económicos por los
que atraviesa, se dieron a la tarea de buscar alguna solución al
dilema, y con el concurso de todos idearon una planta capaz de
procesar los subproductos de cerdo provenientes de la empacadora de
Vega de Palma, en Camajuaní.
Con esa iniciativa lograron aportar la parte de la comida fresca
que necesita la claria, con lo cual han ahorrado toneladas de pienso
y garantizado la continuidad del proceso de ceba.
Explica el director de la unidad, Juan Carlos Serrano, que esa
especie necesita un 60 % de pienso y el resto, de alimento fresco,
el cual se obtenía a partir de los residuos de Pescavilla,
insuficientes para atender la demanda de los tres centros de ceba
con que cuenta la provincia.
Los 61 trabajadores de la instalación también producen larvas y
más de 15 millones de alevines, que son sembrados en las presas de
varias provincias del centro del país.