"Nos echaron de casas alquiladas porque no podíamos pagar",
explicó Maya Zigov, madre soltera con cuatro hijos, quien vive en
una tienda de campaña en el Parque de la Independencia de Jerusalén
desde hace dos semanas junto a una creciente cantidad de familias en
su misma situación.
Miembro de la históricamente marginada comunidad mizrahi,
judíos-árabes, Zigov señaló que el gobierno israelí le retiró el
subsidio hipotecario y los beneficios como madre soltera. No le
quedó más opción que unirse al asentamiento de tiendas de campaña
para tratar de recuperar sus derechos.
"Hay cientos de personas en nuestra situación. Tienen que venir y
no tener vergüenza. Luchamos por todos", añadió.
Las protestas contra el alto costo de la vivienda comenzaron a
mediados de julio cuando jóvenes israelíes montaron un campamento en
el centro de Tel Aviv. La movilización estuvo encabezada en gran
parte por judíos israelíes de clase media que desde entonces armaron
unas decenas de tiendas de campaña y, miles de personas, madres y
padres solteros, familias jóvenes y estudiantes, salieron a la
calle.
Pero la crisis de vivienda no apareció de la noche a la mañana.
Los fondos del Ministerio de Vivienda disminuyeron de forma
significativa en la pasada década, de 4,5 % del presupuesto
nacional, en 1999, a 1,6 %, en el 2008, según investigaciones
realizadas por la Asociación para los Derechos Civiles en Israel (ADCI).
Además, la disparidad de ingresos entre ricos y pobres aumenta.
De hecho, según datos de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos, (OCDE) Israel es el tercer país de la
organización con mayor disparidad de ingresos, detrás de México y
Estados Unidos.
Los problemas económicos, y en particular la burbuja
inmobiliaria, se vienen gestando desde hace años por varios
factores, incluido el gran gasto del gobierno en asentamientos
judíos en el territorio palestino de Cisjordania y una planificación
demográfica destinada a sacar tierras de los ciudadanos palestinos,
señaló el economista israelí Shir Hever.
"Se instalaron pequeñas comunidades para crear ‘hechos en el
terreno’ en el desierto del Néguev y Galilea, pero sin justificación
económica y ahora están plagadas de desempleo, pobreza y
delincuencia", dijo Hever al ser consultado vía correo electrónico.
"Eso hace que los jóvenes estén presionando para mudarse al
‘centro’ (Tel Aviv y sus inmediaciones), el único lugar donde se
puede encontrar trabajo, una cultura cosmopolita y un alto nivel
educativo", explicó.
El martes 26 de julio, el primer ministro de Israel, Benjamín
Netanyahu, trató de calmar el creciente malestar anunciando la
construcción de 50 000 unidades habitacionales accesibles en los
próximos dos años, principalmente para estudiantes, parejas jóvenes,
familias extensas y exsoldados, así como otras 10 000 residencias
estudiantiles. Pero los manifestantes rechazaron rápidamente la
propuesta de Netanyahu porque no cumplía sus reclamos de reformas
reales en todos los sectores sociales.
"El gobierno tiene que entender el mensaje principal, no se trata
de una lucha de un sector u otro, sino de una amplia demanda
social", señaló el fiscal Gil Gan-Mor, coordinador del Proyecto
Derecho a la Vivienda de la ADCI.
Se dice que se está formando un amplio movimiento social, pero
los manifestantes fueron cuestionados por ignorar las sistemáticas
desigualdades sufridas por ciudadanos palestinos de Israel, como la
incapacidad de conseguir permisos para sus casas y sus tierras, y no
mencionar el tema de la ocupación israelí.
Hay hechos que indican que el movimiento puede propagarse a la
comunidad palestina de Israel, porque los que están en la localidad
israelí de Jaffa y en el norteño pueblo de Baqa al-Gharbiyye
erigieron sus propios asentamientos de tiendas de campaña y los
beduinos de la aldea "no reconocida" de Al Araqib, demolida por las
autoridades israelíes casi 30 veces el año pasado, se unieron a la
de Beer Sheva.
Los manifestantes deben atender la discriminación y las
desigualdades en el corazón mismo de la sociedad israelí si aspiran
a realizar cambios duraderos, sostuvo Shir Hever.
"Las desigualdades de Israel están profundamente enraizadas en la
discriminación de minorías con tendencia a pasar de la marginación
de un grupo, los palestinos, a otros, mujeres, religiosos ultra-
ortodoxos, mizrahi y nuevos inmigrantes. Solo una protesta basada en
la incorporación de todas ellas tiene posibilidades de lograr un
cambio social sostenible", opinó Hever. (Fragmentos tomados de
IPS)