Londres dormía mientras Mark Duggan, un joven del barrio de
Tottenham, era baleado por la policía, y de esa acción se prendió
una chispa.
Desde entonces ha crecido la repulsa de los jóvenes al gobierno
inglés, miles y miles se manifiestan cada día, y en "río revuelto"
hay hasta quienes aprovechan el caos para saquear comercios y
destruir locales.
Los grandes medios occidentales reflejan a cada minuto cómo se
desvalijan las tiendas, los incendios de edificios, bloqueos de
calles y enfrentamientos entre jóvenes y la policía. Poco se desliza
en esa prensa sobre la represión contra quienes se manifiestan
pacíficamente.
Para el premier británico, David Cameron, se trata simplemente de
una ola de delincuencia espontánea, masiva y descontrolada, mientras
analistas y muchos de los que salen a las calles a protestar,
coinciden en que los hechos tienen como telón de fondo causas
sociales más profundas.
Por otro lado, el viceprimer ministro, el liberal demócrata Nick
Clegg, en una visita a Tottenham un día después de los primeros
disturbios, desvinculó los saqueos de la protesta pacífica que los
precedió.
El ex alcalde de Londres, el laborista Ken Livingstone, en una
entrevista con la BBC, relacionó las protestas con la situación
económica que está atravesando el Reino Unido.
"No estoy sorprendido. Durante el último año, oficiales de
policía habían estado advirtiendo de que existía un riesgo real de
violencia. Todos recordamos la experiencia de hace 30 años cuando
nos encontrábamos en una profunda recesión y en medio de recortes
presupuestarios enormes (...). Creo que el gobierno no ha entendido
la escala de los problemas que sufren los jóvenes. Pero hay toda una
generación que se enfrenta al futuro más incierto en quizá 100
años", afirmó.