Inolvidable descarga de ida y vuelta

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

No es nada extraño ir a conciertos en que sus presentadores se viertan con prodigalidad en un río de adjetivos para anunciarlos como grandes acontecimientos del firmamento musical y después la realidad dice otra "cosa". Por eso, tal vez, algunos no se hayan dejado capturar al inicio por la magia de Alexis Díaz Pimienta cuando avizoró como un espectáculo inolvidable el del cantautor español Javier Ruibal y el cubano Luis Alberto Barbería en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes. Pero nada más subir al escenario certificaron que las palabras del autor de Prisionero del agua no solo tenían un fuerte asidero en la realidad, sino que constituyeron las primeras chispas de una historia que imantó durante más de tres horas a los asistentes a la instalación.

Foto: Otmaro RodríguezBarbería y Ruibal desembarcaron en Bellas Artes tras recorrer, por casi dos semanas, distintas provincias de la isla. Para la última estación del trayecto, realizado bajo el nombre de Descarga de ida y vuelta, diseñaron un cálido e intenso repertorio en el que se hicieron acompañar por las bailarinas Lucía Ruibal y Remedios Jover, y el guitarrista Nam Sam Fong, un programa con el que extendieron al público la llave de entrada a sus particulares universos sonoros, definidos con líneas maestras por una manera de entender el arte que se lleva por delante todo lo que no huela a autenticidad y respeto por su propia identidad cultural y la de sus orígenes.

Es casi un pecado de lesa cultura que los temas de Ruibal no se conozcan entre nosotros como dios y la canción de autor mandan. El artista gaditano, un gran exponente del nuevo flamenco, ha esculpido desde la noche de los tiempos una obra con fundamento que mantiene una sincronía profunda con la tierra que late bajo sus pies, y en la que aparece un disco mayor como es el álbum Contrabando. Ruibal canta a las pasiones más arrolladoras del ser humano y se compromete cuando siente necesidad de hacerlo, al retratar las impurezas del mundo que lo rodea con una particular técnica de seducción no exenta de humor e ironía. Es un trovador "duro" que nunca se ha creído el cuento de la popularidad como indicador del éxito, sino que descubrió su propio paraíso personal en el diseño de canciones que solo responden a su íntima filosofía artística, alejada por completo de los espejismos artificiales del mercado y de las modas de ocasión, lo que explica de cierta forma que los grandes medios no irradien sistemáticamente su obra.

La esplendorosa riqueza de su estilo, bañado por las aguas del Caribe, los ritmos del flamenco, la música sefardí y las atmósferas magrebíes, atravesó de una punta a otra el repertorio que bosquejó para su nueva aventura cubana, en el que se asomaron auténticas gemas como El náufrago del Sahara (dedicado a las luchas del pueblo saharaui por su independencia), La reina de África, Por tu amor me duele el aire (basado en versos de Federico García Lorca) y Habana mía, un personalísimo retrato de la capital cubana esbozado con cuidado durante sus viajes a la isla.

Barbería, por su lado, enseñó la mejor versión de sí mismo que apareció sobre el escenario, cuando puso a hervir a sus seguidores con un set de infarto en que desplegó todos sus poderes como showman, poderes en los que ocupa un puesto de honor su increíble ingenio para reproducir con la voz un sinfín de instrumentos de percusión. Algo que dejó con el alma en un puño a un buen número de los espectadores que no pudieron quitarle la vista de encima durante su actuación, en la que no faltaron clásicos de su repertorio como Soy cubano, Me encantas, y el ineludible Rockotocompás. Los músicos se permitieron otros instantes de gloria que elevaron el termómetro de gratificación entre los espectadores. Especialmente cuando subieron al escenario los trovadores Roly Berrío y Santiago Feliú. Para terminar el concierto, que pasó por una sucesión de otros grandes momentos más que reseñables, (casi) todos se juntaron para cantar Isla mujeres, del autor gaditano, quien junto a Barbería disfrutaba ya el cierre de esta inolvidable e inspiradora Descarga de ida y vuelta con la intensidad de un sueño recién cumplido.

 

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