Compás de espera o tregua momentánea, el mes sagrado islámico del
Ramadán da un respiro al gobierno castrense provisional egipcio con
el anuncio de los manifestantes de que abandonan la Plaza Tahrir por
ahora.
Noveno del calendario lunar musulmán, el Ramadán es un lapso
dedicado al ayuno, la abstinencia y la penitencia. Y, también, a la
reflexión, reporta Prensa Latina.
Los manifestantes tienen bastante que analizar este año, en
especial, sobre el poder de sus protestas que derrocaron a Hosni
Mubarak, el hombre que dirigió a Egipto con mano de hierro por más
de tres décadas y, en el proceso, se hizo inmensamente rico y
convirtió a su país en un fiel aliado de Estados Unidos.
Que es lo mismo que decir Israel, el país que para el común de
los árabes representa la usurpación por medios bélicos, una
creciente arrogancia y, sobre todo, la limpieza étnica en los
territorios palestinos ocupados.
Semanas de disturbios, durante las cuales la policía y la
Mujabarat (inteligencia) de Mubarak ultimaron a más de 800 civiles e
hirieron o encarcelaron a miles, dieron como saldo la caída del rais
que parecía eterno.
Pero la defenestración de Mubarak no marcó un fin de la historia:
la tibieza de las autoridades provisionales en el inicio de los
juicios contra personeros del régimen y en la aplicación de las
reformas democráticas detonaron el retorno de los manifestantes a la
Plaza Tahrir (Liberación), decididos a reeditar las marchas
multitudinarias de principios de año.
Ese regreso marcó la más seria confrontación entre los sectores
populares y el Consejo Supremo Militar, cuyos portavoces advirtieron
que no permitirían nuevas protestas callejeras.
Los manifestantes salieron airosos de la prueba de fuerza, ya que
la decisión fue revertida.
De su lado, el primer ministro Issam Charaf se apresuró a
decretar el retiro de 669 altos oficiales de la policía, efectivo
este mes, y portavoces oficiales anunciaron que los juicios a los
personeros de la era Mubarak serán a puertas abiertas.
De cualquier manera a mediados de esta semana la céntrica plaza
cairota fue escenario de una protesta cuyos participantes corearon
la temida consigna Allahu Akbar, la misma que derrocó en febrero de
1979 al sha Mohamed Reza Pahlevi en Irán y dio paso a la República
Islámica.
Más aún, y pese a comunicados médicos sobre el delicado estado de
salud de Mubarak, se informó que el juicio en su contra comenzará
pasado mañana (miércoles) en la Escuela de Policía de Ciudad Nasr,
en esta capital. Junto al exmandatario enfrentarán a la corte dos de
sus hijos, Gamal y Alaa, su ministro del Interior y seis altos
funcionarios de esa dependencia.
Las apresuradas decisiones, anunciada de forma pausada, pero
consecutiva, evidencian que si bien es cierto que los militares del
gobierno transitorio poseen la fuerza para aplastar a los
manifestantes, prefieren mantener la situación bajo control y se
abstienen de alimentar el fermento subyacente en la explosiva
sociedad egipcia.
Está claro que no quieren oír la respuesta que le dio un
cortesano a Louis Capeto cuando las masas parisinas se lanzaron a
tomar la Bastilla: No son disturbios, Majestad; es la revolución.