Magisterio de Adelaida de Juan

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

A la altura de sus ocho décadas de vida, completadas este julio, Adelaida de Juan pudiera darse el lujo de mirar con complacencia su pródiga cosecha cultivada en las parcelas de la historia y crítica de arte y en la docencia universitaria. Mas ese no es el tono de esta mujer de infatigable quehacer y atenta siempre a la evolución del panorama artístico en la Isla y el mundo y autora de varios de los ensayos más reveladores sobre la creación visual entre nosotros.

Heredera en la cátedra del magisterio de Rosario Novoa y Luis de Soto, Adelaida ha contribuido a la formación de varias hornadas de historiadores de arte. Quien esto escribe no tuvo el privilegio de contarse entre sus alumnos directos, pero guarda testimonios de más de uno que ha descrito la huella de su ejercicio profesoral como el más seguro método para aprender a mirar cualquier hecho artístico más allá y más acá de las evidencias.

Adelaida de Juan durante una intervención pública.

A sus imprescindibles títulos de iniciación en la apreciación de las artes visuales —Las artes plásticas (1968), Pintura y granado coloniales cubanos: contribución a su estudio (1974) y Las artes plásticas en Cuba (1975)— suma otros que apuntan hacia el descubrimiento de las esencias de la identidad visual continental, como En la galería latinoamericana (1979) y un volumen al que se debe volver una y otra vez para tomar el justo peso a la profunda e inteligente relación que tuvo nuestro héroe nacional con la creación pictórica, José Martí: imagen crítica y mercado de arte (1997).

Adelaida también ha desarrollado una singular línea de trabajo en la crítica cubana, aquella que la ha llevado a estudiar y escribir textos fundacionales sobre el humor gráfico, tales los casos de Hacerse el Bobo de Abela (1978) y Caricatura de la República (1981).

Esta labor, más la llevada a cabo con frecuencia en publicaciones periódicas, acreditó a Adelaida entre los muy contados merecedores del Premio Guy Pérez Cisneros a la obra crítica de toda una vida, otorgado por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

No puedo poner punto final a esta nota sin una apreciación personal. Es una fiesta conversar con Adelaida, escuchar su fino sentido del humor. Como también lo es verla en pareja profesar el amor junto a su inseparable compañero de siempre, Roberto Fernández Retamar.

 

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