El
30 de julio de 1896 caía en combate Juan Bruno Zayas, joven general
habanero, quien ganó sus grados a golpe de machete y valentía, y
despertó la admiración de probados y experimentados jefes como el
propio Antonio Maceo.
Al conocer de su deceso, Maceo le expresó al Generalísmo Máximo
Gómez que había caído como el más experto de los patriotas, y
agregaba: "muerte que lamento por sus extraordinarias
condiciones de labor y su celo en el orden y disciplina del
ejército, unidos a su amor infinito a la causa que defendemos".
Juan Bruno nació en la barriada habanera del Cerro en junio de
1867, y allí vivió su infancia y juventud. La influencia del medio
familiar, en particular de su padre —profesor, subdirector y, tras
la muerte de José de la Luz y Caballero, también director del
colegio El Salvador— determinaron en el joven el interés por el
estudio y el conocimiento.
Tras obtener el título de Bachiller en 1886, matriculó en la
Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, en esa etapa
perdió a su padre y gracias a la ayuda de dos tíos, consiguió
terminar los estudios universitarios.
Juan Bruno fue de los tantos jóvenes asiduos a la acera del
Louvre, espacio formador de conciencia y espíritu patriótico de la
juventud habanera y donde la palabra independencia tenía espacio
privilegiado. Allí conoció a Antonio Maceo, tras su visita a La
Habana en 1890, sin imaginar que después combatiría a sus órdenes.
El ejercicio profesional lo inició el joven Zayas en la zona de
Las Villas. En aquel territorio también se iniciaría su bregar
independentista. El 25 de abril de 1895, dirigió el primer
alzamiento de la Guerra del 95 en tierra villaclareña, en Vega Alta,
donde ejercía hasta entonces su profesión; a partir de ese momento
comenzaría su carrera militar en permanente ascenso.
Tras serle otorgado el grado de teniente coronel, Juan Bruno
asumiría diversas responsabilidades en esa región: organizó y
dirigió el Regimiento de Infantería Narciso y mandó el Regimiento de
Caballería Villa Clara.
A partir de julio, combatió bajo las órdenes del Mayor General
Manuel Suárez. En agosto fue ascendido a coronel y combatió bajo las
órdenes del Mayor General Serafín Sánchez, Jefe de la Primera
División del Cuarto Cuerpo.
Participó en la significativa Batalla de Mal Tiempo, junto a las
fuerzas del Generalísimo Máximo Gómez, donde fue seleccionado por
Antonio Maceo para que continuase en su tropa durante la invasión
hacia la provincia de Pinar del Río.
Así llegó, junto a Maceo, a Vueltabajo el 22 de enero de 1896 y
fue de los firmantes del documento en Mangos de Roque, en el cual
quedaba recogida la exitosa culminación de la invasión.
En todos los combates donde participó durante la invasión
demostró gran valentía, intrepidez y sobre todo la capacidad de
orientar y dirigir, a pesar de su corta edad, a los combatientes
subordinados a sus órdenes.
Tras esas acciones memorables retornó transitoriamente a Las
Villas, donde se desempeñó como activo y dedicado jefe militar que
operó con gran energía, sobre todo en la jurisdicción de Villa
Clara.
Juan Bruno fue el encargado de dirigir las fuerzas que realizaron
el audaz asalto a Santa Clara, el 23 de marzo de 1896, acción en la
cual cayó el coronel Leoncio Vidal Caro.
Organizó y trasladó un contingente hacia occidente en apoyo al
General Maceo. Una vez ubicado en la provincia habanera, preparaba
las condiciones para atravesar la trocha de Mariel a Majana e
internarse en Pinar del Río.
A causa de una delación, los españoles lograron llegar hasta su
campamento, ubicado en La Jaima, cerca de Quivicán, La Habana, y se
entabló un desigual combate dada la inferioridad numérica de los
cubanos.
En el encuentro resultó gravemente herido Juan Bruno Zayas, quien
falleció posteriormente. Tenía en ese momento 29 años, y ya era
general.
Con sus triunfos, arrojo y sencillez se había ganado, desde hacía
ya mucho tiempo, el prestigio y admiración de los combatientes del
Ejército Libertador.
Desde el inicio de su incorporación a la lucha, el valeroso
general estaba convencido de que la única opción posible era la
independencia, por eso cuando su hermano lo instó a abandonarla a
cambio del indulto o la salida al exilio, le expresó:
"No hemos empuñado las armas para someternos vergonzosamente de
nuevo a la dominación española, sino para triunfar o morir por la
independencia."