|
A 30 años de la desaparición física de Omar
Torrijos Herrera Fidel es un gran
amigo
LUIS BÁEZ
Omar
Efraín Torrijos Herrera nació en Santiago de Veraguas el 13 de
febrero de 1929. Era el sexto de doce hijos de padres maestros, el
colombiano José María Torrijos y la panameña Joaquina Herrera.
Conocí al general Omar Torrijos en 1973. Llegué a él a través de
su madre y de su hermana Berta. Aún no se habían restablecido las
relaciones diplomáticas entre Panamá y Cuba. Después mantuvimos un
contacto bastante cercano. La mayoría de las veces en que visité el
país istmeño tuve oportunidad de saludarlo. En varias ocasiones lo
acompañé en sus recorridos e incluso volé con él en el avión en que
se mató. La primera vez nos acompañó Norberto Hernández, diplomático
cubano que llegó a tener estrechas relaciones con el general.
Durante su gobierno impulsó los tratados con los Estados Unidos,
posteriormente conocidos como Torrijos-Carter, por medio de los
cuales legalizó las bases militares en el país y se estableció a
perpetuidad la neutralidad del Canal de Panamá. Así, el 31 de
diciembre de 1999 los Estados Unidos se ven en la obligación de
devolver el Canal a manos panameñas. El Tratado fue firmado por
Torrijos y Carter el 7 de septiembre de 1977.
No había encuentro con periodistas norteamericanos en que estos
no insistieran en que en Panamá no existía la democracia. Torrijos,
con su humor característico respondía: "Para salvar la buena
apariencia ante los ojos de los Estados Unidos, uno tiene que
lavarse la cara con las aguas cristalinas de la democracia, y si un
país no celebra convenciones políticas con payasos bailando, se
piensa que es un mal país. Por eso los norteamericanos no me
entienden ni a mí ni a mi país".
¿Cómo se produce el acercamiento de Torrijos a Cuba?, le pregunté
a su asesor Rómulo Escobar Betancourt.
"Torrijos tenía simpatías por la Revolución cubana, aun cuando no
conocía a Fidel. Por la trayectoria pública lo veía como un hombre
dedicado a la violencia revolucionaria. Ese es el concepto original
que tenía de Fidel.
"Cuando las autoridades cubanas detuvieron los barcos Layla y
Johnny Expres, en diciembre de 1971, Torrijos quedó muy preocupado y
atrapado entre dos situaciones: la de protestar por el ataque a unos
buques que tenían la bandera panameña, aunque a bordo no había
ningún panameño, y por otro lado la preocupación de que enfrentar a
Cuba por ese hecho era situarse en una posición en contra de la
Revolución. Y él no quería eso.
"Recuerdo que el general estaba muy atento a los pronunciamientos
que pudiera hacer Fidel en relación con estos acontecimientos. La
noche que nos enteramos de que Fidel iba a hablar, nos encontrábamos
los dos solitos en Farallón, una casa de descanso a 150 kilómetros
de la capital, y escuchamos el discurso por onda corta.
"Torrijos quedó muy impresionado en el momento en que oye a Fidel
plantear que está en disposición de darle explicaciones al Gobierno
panameño por estos hechos, pero nunca al de Estados Unidos. No se me
olvidará que saltó y me dijo: ‘Este es el momento para enviar una
delegación a Cuba’.
"Viajo a La Habana. Converso con Fidel. Él me explica todo. Me
dijo que no conocía a Omar, pero que lo ha visto en películas y
tenía la impresión de que es un hombre que cree profundamente en lo
que está haciendo y que está dispuesto a morir en la lucha por la
liberación de su país.
"Fidel me pidió que le dijera que estaba arriesgando quedarse
atrapado en una esquina sin salida y que los gringos van a masacrar
al pueblo panameño como están haciendo con Vietnam. Y que él como
dirigente tiene una responsabilidad: manejarse en tal forma que si
puede evitar la violencia, que la evite.
"Cuando le transmito el mensaje a Torrijos queda azorado. Me
comenta: ‘Eso fue lo que te dijo’. Me hace que se lo repita. ‘Yo
estaba convencido de que ese hombre me iba a mandar una
ametralladora’. Le respondí que a mí también me había asombrado que
él me diera ese mensaje pues tampoco lo conocía. Ese mensaje influye
mucho en Omar. Ahí nace la estimación, admiración y gran cariño que
le toma a Fidel".
Desde ese instante le entraron unos deseos enormes de visitar la
Isla y conocer personalmente a Fidel. Torrijos estuvo dos veces en
Cuba. La primera ocasión en enero de 1976 en visita oficial, y
posteriormente cuando la VI Cumbre de Países No Alineados en 1979.
En un aparte del recorrido por Oriente y Camagüey en 1976,
Torrijos me comentó:
"Lo que más me ha impresionado son los rostros de felicidad de
los cubanos. La espontaneidad no se puede organizar. Yo conozco
cuando un pueblo quiere de verdad a una persona, el pueblo cubano
quiere a Fidel".
En este viaje, además de sus conversaciones con Fidel, mantuvo
importantes diálogos con el entonces ministro de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias, Raúl Castro.
Tuve oportunidad de estar junto a Torrijos el domingo 24 de
octubre de 1977 en la Isla Contadora, a su regreso a Panamá después
de un largo recorrido que hizo por Europa y pocas horas después de
finalizado el plebiscito en el que el pueblo aprobó los tratados
canaleros. Entre otros temas, me habló de Fidel.
"Desde el triunfo de la Revolución, Cuba ha estado sometida a un
incesante y cruel bloqueo que es una verdadera vergüenza para todo
el hemisferio. Los norteamericanos deben convencerse de que los
cubanos son un pueblo que nunca se dejará pisotear.
"Estoy consciente de que hay tratado canalero porque hay
Revolución cubana. Cuba ha tenido que pagar un alto precio social
por toda América Latina. Si hoy podemos sentarnos a discutir de tú
por tú con el gobierno norteamericano, lo debemos en gran parte a
que existe una Revolución cubana. Después del triunfo en Cuba, todos
los pueblos de este hemisferio somos un poco más libres.
"He recibido muchísimas proposiciones y presiones de parte de los
norteamericanos para que rompa las relaciones con Cuba o las enfríe.
Distintas alternativas de forma constante. Nunca me prestaré a eso.
Considero algo muy vergonzoso la posición de muchos gobernantes de
América Latina frente a Cuba.
"Fidel es un gran amigo. Se ha portado muy bien conmigo. Es un
hombre de firmes principios".
¿Fue su muerte
accidental?
Faltaban solo setenta días para cumplir trece años al frente de
los destinos de su pueblo cuando el general Torrijos perdió la vida,
el 31 de julio de 1981, a bordo de su transporte favorito: el avión.
En esos momentos tenía 52 años de edad.
Su aeronave, una DeHavilland Twin Otter (DHC-6), explotó en pleno
vuelo, en la zona del Cerro Marta en la localidad de Coclé. La
muerte de Torrijos, según relato de John Perkins en su libro
Confesiones de un sicario económico, no fue accidental; fue
asesinado por órdenes de sectores de poder en EE.UU. que se oponían
a las negociaciones entre Torrijos y un grupo de empresarios
japoneses liderados por Shigeo Nagano que proponían la construcción
de un nuevo canal a nivel por Panamá. Torrijos murió poco después de
que asumiera Ronald Reagan como presidente de Estados Unidos, y
justo tres meses más tarde de que el presidente ecuatoriano Jaime
Roldós muriera en circunstancias similares.
Al conocerse la noticia de la desaparición del avión de Torrijos,
diez integrantes de la unidad "Macho'e Monte", que formaba parte del
segundo anillo de la seguridad personal de Omar, con el teniente
Juan González al frente, se encaminaron a la localidad de Marta, al
norte de la provincia de Coclé, más exactamente al noroeste de la
Pintada, en las montañas al norte de esta provincia. La Pintada y
Coclesito estaban separados por la cadena montañosa de la cordillera
central. Ahí se suponía que se había perdido el avión de Torrijos.
Después de una ardua búsqueda encontraron parte de los restos del
avión. Como conocían la forma en que normalmente ellos se ubicaban
dentro del avión FAP-205, no fue difícil la identificación. Torrijos
se sentaba siempre en la parte izquierda, en el centro, viendo el
avión desde la cola hacia la cabina. Sus invitados se sentaban a la
derecha. La fila izquierda era de asientos individuales y la derecha
de asientos dobles. De ese modo fue que buscaron. El cabo Arístides
Córdoba ubicó el sitio donde estaban los restos de Torrijos. Todo
estaba calcinado, con un fuerte olor a carne quemada.
Córdoba halló una agenda de empaste duro, que tenía un filo de
metal dorado, y que era la que Torrijos utilizaba. También apareció
la pistola Browning de 9 mm de manufactura belga que él portaba, y
un amasijo de carne con huesos. Eso era todo: no se podía
identificar nada más. Apenas algunos restos de los borceguíes que
usaba Torrijos, y ya. Todo se echó dentro de una bolsa negra. Los
diez integrantes de la patrulla lloraron.
A unos 20 metros del avión, encontraron los únicos restos de un
cuerpo más conservado, más constituido, con sus pies, manos, cabeza,
tórax y determinaron que eran del jefe de grupo de la escolta de
Torrijos en ese momento, el sargento Ricardo Machasek, un hombre de
6,2 pies de estatura. Por la distancia en que estaba el cuerpo de
Machasek determinaron que había sido despedido del avión, quizás ya
incendiado.
La cola del avión no estaba dentro de la estructura. Llegaron a
la conclusión de que para que la cola no apareciera tendría que
haberse desprendido en el aire. La estructura estaba entera, pero
calcinada. Las partes de las alas estaban desprendidas; muy
desbaratadas, pero en el área. Sin embargo, la cola del avión no
estaba cercana.
Aquel primer análisis determinó que el desprendimiento de la cola
se debió a una explosión inicial, en pleno vuelo, por lo que el
cuerpo de Machasek salió expelido y no estaba como el resto de los
cuerpos calcinados y desbaratados por el impacto.
Cuando bajaron a la falda del Cerro Marta, confirmaron el
diagnóstico: a tres horas de camino encontraron los restos de la
cola del avión. Si hubiese sido un accidente de impacto contra la
ladera de la montaña, la cola jamás podría haber estado tan lejos,
porque la vegetación lo habría impedido. Asimismo, la dispersión de
la cola hizo llegar a la conclusión de que se desprendió en el aire
producto de algún tipo de explosión o por la onda expansiva que
produce una explosión que no necesita ser grande.
Una explosión pequeña basta para producir un contraste entre la
presión interna del avión y la externa. Una pequeña fisura en el
avión hace que estalle en el aire. Pensaron que fue una pequeña
cantidad de un explosivo, seguramente plástico, colocado en la cola,
con un mecanismo de iniciación operado por un altímetro. Eso
explicaría que el desastre se produzca en el momento de remontar la
cordillera central para llegar a Coclesito.
No se encontró nada más. Restos de explosivos o de aparatos no se
encontraron, algo lógico, pues un artefacto de explosivo plástico
que cause un pequeño agujero, produce todo este fenómeno. Eso era
del conocimiento de los cuatro expertos en demolición integrantes de
la patrulla.
Diez horas más tarde, la patrulla regresó a Río Hato. El informe,
inequívoco al señalar el atentado y no el supuesto accidente, fue
elevado con la firma del teniente Juan González.
Meses más tarde, justamente el día de Navidad de 1981, Juan
González marchaba en su vehículo desde la base militar hacia el
vecino pueblo de Río Hato, para ver a sus hijos.
Minutos después de salir de la base, accionó los frenos. La curva
lo obligaba a aminorar pero, extrañamente, los frenos no
respondieron. Juan González se estrelló contra otro auto y perdió la
vida.
Juan González estaba convencido de que a Omar Torrijos lo habían
asesinado.
Después, hubo un gran silencio. Nunca más se volvió a hablar del
asunto. El informe de la patrulla aún sigue engavetado. |