Más fogueados y calificados, campeones regionales absolutos
ratificados en Santo Domingo 1974 y avalados por actuaciones
olímpicas descollantes en Munich 1972, los deportistas de la Antilla
Mayor reiteraron la supremacía continental boxística y conquistaron
primeros lugares en levantamiento de pesas y esgrima, situándose
segundos en atletismo, lucha, gimnasia y tiro, gracias al productivo
reforzamiento cualitativo en deportes individuales muy medalleros.
Derroche de técnica por parte de los pugilistas permitió lograr
la inédita cifra de siete doradas en boxeo y que ninguno retornara a
casa sin premios, dos más de plata y otras tantas de bronce,
destacando la inédita triple corona de Rolando Garbey y el ya papel
preponderante del gigante Teófilo Stevenson.
Mas la colecta mayor de títulos aconteció con el accionar de los
halterofilistas en su primer asalto al liderato continental ante el
otrora imbatible Estados Unidos. Conquistaron nada menos que 18 de
oro de 27 posibles en nueve divisiones que premiaron por separado
arranque, envión y total.
La esgrima tomó el comando cualitativo con cinco de ocho cetros,
destacándose el tercero consecutivo de la floretista Margarita
Rodríguez, mientras en la gimnasia artística varonil la gruesa suma
de siete doradas pudo consolidarse por la destreza de Jorge Cuervo
(cuatro) y Roberto León Richard (tres).
El atletismo se apartó de sus aislados atisbos y también comenzó
a producir en grueso, coronando a siete campeones con las
connotaciones correspondientes a este deporte.
Silvio Leonard, la ráfaga cubana, cruzó el imaginario estambre de
la centelleante final de 100 m con récord de 10.15 frente al
trinitario Hasely Crawford, titular olímpico al año siguiente en
Montreal, pero enmudeció a las tribunas cuando una contractura
muscular le impidió detenerse y sin control fue a caer
estrepitosamente en el foso circundante de la pista, en instantes de
intenso dramatismo.
Se sumaron Alejandro Casañas, quien paró en seco la hegemonía
norteña en vallas; Luis Medina, en 1 500 m; y Rigoberto Mendoza,
asombroso con la mediática victoria en el maratón de 42.195 km,
evidenciando buena adaptación para la altura mexicana, como igual
demostró Aldo "Búfalo" Arencibia en los 174 km del ciclismo de ruta.
En el femenino descollaron Carmen Romero, de nuevo en disco,
María E. Sarría, en bala, y Ana Bella Alexander, en longitud, en
medio de eufóricos síntomas de poderío latinoamericano al sumarse
los éxitos del marchista local Daniel Bautista, de la peruana Edith
Noeding en vallas y hasta del guyanés James Gilkes en 200 m, en
ausencia del lesionado Silvio Leonard.
Sin olvidar el 17.89 galáctico en triple del brasileño Joao
Carlos de Oliveira, quien volvió a relegar al soviético Víctor
Saneiev después que su 17.44 había desplazado en 1972 el 17.40 de
Pérez Dueña, a su vez todavía más postergado a nivel continental por
el conocido como Joao du poulo (Joao del salto), también monarca en
longitud para una dupleta de alcurnia.
Tampoco omitir al gran favorito Alberto Juantorena, sorprendido
por Ronnie Ray en la vuelta al óvalo, fiasco convertido en acicate
para protagonizar en Montreal 1976 un inédito doblete olímpico en
400 y 800 m, con récord universal.
Estados Unidos (5) y Cuba (3) estuvieron cerca en lucha libre,
pero en la incorporada modalidad grecorromana lideró 7-2, mientras
en colectivos Cuba punteó al defender exitosamente los tres cetros
de béisbol y voleibol (m y f). Argentina prosiguió en hockey,
Estados Unidos se hizo justicia en baloncesto y México lo desbancó
en polo acuático. Anecdótico final futbolístico: Brasil y México,
empatados a un gol, en tiempo suplementario. Falló el fluido
eléctrico y se apeló a la salomónica solución de... conceder dos de
oro.
A 217 pruebas ascendieron las disputadas en 22 deportes, 117 para
Estados Unidos (12 más que en Cali), en tanto Cuba reafirmó el
subliderato con 57, casi doblando la cita anterior para reafirmar
alto el lema Más medallas de oro que en Cali. Para el resto quedaron
apenas 43, con Canadá de tercero, 18, y México cuarto, 9.
Esos Juegos peligraron por las renuncias de Chile bajo la égida
de Pinochet y del suplente Puerto Rico, con sede ya aprobada para
1979; todavía más cuando falló la alternativa de San Pablo, asolado
por una imprevista epidemia de meningitis. El rescate mexicano
garantizó la continuidad y contribuyó a que Mario Vázquez Raña,
presidente de su Comité Olímpico y del Comité Organizador, accediera
al liderato de la ODEPA, hasta... la actualidad.