Si algún médico simboliza la grandeza del colectivo que labora en
el Cardiocentro Ernesto Guevara, ese es Álvaro Lagomasino Hidalgo,
galeno con una personalidad quijotesca, a quien deben la vida miles
de personas en este país.
He tenido el privilegio de estar junto a él en un salón de
operaciones, y puedo dar fe de que cuando entra a ese lugar se
transforma y es capaz de olvidarse del mundo que lo rodea, para
concentrarse en lo más importante, la vida del paciente, por eso
compara el acto quirúrgico con un viaje al cosmos, o lo que puede
ser la iglesia para un religioso.
A pesar de haber intervenido en más del 60 % de las 6 984
operaciones realizadas en el centro, lleva su trabajo como algo muy
natural, sin mayores pretensiones.
En eso ha tenido mucho que ver su formación. Creció oyendo hablar
a su padre de Bolívar. Luego surgió el mito del Che, y lo hizo su
ídolo. Sin embargo, cuando entró en contacto con la obra de Ernest
Hemingway, y leyó Por quién doblan las campanas, quiso ser
como ese escritor. Mas, cuando le pregunto por el cuadro La
Gioconda, conocido como La Mona Lisa, de Leonardo da
Vinci, que cuelga en su oficina, me dice que ese pintor le aportó
alguna de sus locuras.
Así de sencillo y de grande es el doctor Lagomasino, quien como
cualquier otro trabajador del cardiocentro, es capaz de atender con
igual pasión a todos sus pacientes.
A él, y a sus colegas, se deben los grandes éxitos del
Cardiocentro de Villa Clara en estos 25 años, como realizar la
primera cirugía coronaria fuera de la capital, o inaugurar en Cuba
la cirugía coronaria con corazón latiendo o los injertos arteriales
múltiples, entre otros procederes.