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Con los ojos en el arroz
Pastor
Batista Valdés
Si en cada municipio, o al menos en aquellos aptos para cultivar
arroz, hubiera familias o grupos de productores como los Reyman, en
Las Tunas a la vuelta de un corto tiempo el Estado cubano podría
sentir creciente alivio en lo que respecta a compras de ese alimento
en el mercado exterior para satisfacer necesidades de consumo
interno.
Rubén
constata animado el fruto de un empeño que agradecerán miles de
familias y la economía del país.
La afirmación no esexagerada. Asentados en tierras muy buenas,
copadas durante años por malezas y marabú, esa familia de
usufructuarios están demostrando que se puede cosechar el grano y
lograr incluso altos rendimientos... si se trabaja con la seriedad,
el rigor y la constancia que demanda toda labor agrícola.
Bien lo sabe Rubén Reyman. "Desde hace años —explica— yo venía a
estas tierras de Kilo 8, abandonadas por la granja pecuaria, para
sembrar mi puntica de arroz, calabaza, tomate¼ Incluso llegué a
entregar volúmenes de 500 y más quintales en Acopio. La inserción de
su cuñado Luis Enrique Marrero, junto al aporte de otros parientes,
sumó nuevos bríos.
De hecho, hoy muchas personas se preguntan cómo después de haber
trabajado durante años en Educación (Rubén) y en el Ministerio del
Interior (Luis), pudieron convertirse en excelentes productores de
arroz, punto de partida, referencia y germen del polo que pretende
formar la empresa agropecuaria Amancio Rodríguez en alrededor de 20
caballerías, inicialmente, con la incorporación de más áreas y
nuevos usufructuarios en Kilo 8, San Diego y el kilómetro 6.
AL DURO Y CON LA HOZ
Como antesala de la mesa, "el dique está servido". Luego de los 1
600 quintales de arroz por caballería que lograron los Reyman
(promedio superior al que habitualmente obtienen otros productores),
no puede haber inapetencias.
Razones sobran para extraer lecciones. La primera es no haberse
amilanado, ni siquiera frente aquella brutal sequía que les dio la
"bienvenida" a Luis y Rubén, y que los situó a un paso de
convertirse en fabricantes de ladrillos, sobre la misma tierra donde
hoy crece y se afianza el arroz.
Luego
de ser cortado a mano, el arroz se trilla en esta máquina comprada
por los mismos usufructuarios.
Por eso sacaron de cuajo árboles y raíces, rellenaron los hoyos
con tierra, prepararon los diques, inventaron un artefacto rústico
con paletas para bombear agua desde el río Sevilla, diseñaron un
sistema de canales que les permite aprovechar y reaprovechar el
mismo líquido o liberarlo cuando deseen, consiguieron una hoz por
aquí y otra por allá con antiguos productores, contagiaron a toda la
familia, compraron una trilladora, siembran hasta el último palmo de
tierra, trabajan de sol a sol toda la semana, se rotan la presencia
nocturna a pie de finca¼
"Ahora tenemos dos caballerías dedicadas a arroz —explica Luis—
donde hacemos dos cosechas al año. Sembramos por moteo (vivero y
trasplante). Lleva más trabajo, requiere más hombres, pero
aprovechamos mejor la tierra y logramos rendimientos más altos.
"Cortamos a mano el arroz y lo trillamos con la máquina. Secamos
con gran precaución en la carretera porque no hay un lugar idóneo
para hacerlo. Lo imperdonable fuera perder la cosecha haciendo tanta
falta para la población. Por eso la almacenamos en nuestras mismas
casas y al final vendemos la producción en el mercado estatal, sin
intermediarios, a 3.50 la libra, para que Amancio enfrente mejor sus
necesidades", añade Rubén.
La laboriosidad de los Reyman no solo hace que germinen espigas
de arroz. José Lorenzo Fall, presidente de la CCS Camilo Cienfuegos,
y Enoel Céspedes Sánchez, director de la empresa agropecuaria,
narran cómo allí prosperan también el plátano, maíz, boniato, yuca,
frijol y diversas frutas, gracias a variantes tan añejas como
intercalar cultivos y a "hábitos" tan "increíbles" como sembrar de
inmediato la semilla justo en el lugar donde alguien se ha comido el
mango, la fruta bomba o cualquier otra variedad.
ESPIGADA TENDENCIA
Tiende a pedir más espacio el dique en Kilo 8. Pero su salto
parece depender en gran medida de que se puedan crear "bases
eléctricas" para bombear y aprovechar parte del torrente de agua que
se pierde, rumbo al mar, por el cauce del río. Manos dispuestas a
trabajar duro y motivaciones deben seguir apareciendo según aflore
el saldo entre quienes ya rompieron hielos en ese cultivo.
Por eso Alexander, Ramón, Rolando, Ángel y otros Reyman asumieron
una magnifica área, cerca del poblado cabecera, donde ya nivelan
terreno y construyen diques para usar mediante gravedad las aguas
del río Sevilla y convertir en grano la inercia que ha prevalecido
en esa tierra, enriquecida hasta ayer por el influjo de la
ganadería.
Amancio crea cimientos para agenciarse su cereal. El trecho no
será fácil. Sin embargo hay destellos, mediante una mayor y más
estable presencia del grano en el mercado (a precios más asequibles
que en otros lugares), gracias a la voluntad de hombres y mujeres
como los Reyman, a la sensibilidad de la empresa y a la luz larga
con que otras pupilas están mirando este asunto, estratégico en el
orden económico para los destinos de la nación. |