El
presidente Alan García busca esconder el fracaso del neoliberalismo
tras una lluvia de palabras y de cifras tomadas al desgaire.
Pareciera estar convencido de las bondades de su gestión gubernativa
a partir de indicadores que nos hablan de niveles de inflación,
crecimiento económico, reducción de los índices de la pobreza y
otros; y no repara que esas cifras no alimentan a la gente; ni que
el malestar ciudadano se diluye con discursos de plazuela.
Mucha fanfarria tras el carnaval de "inauguraciones" pomposas de
hospitales vacíos, escuelas que no funcionan, vehículos que no
encienden y trenes que no marchan; desatado por un gobierno que
concluye con sólo el 30 % de aceptación ciudadana y con un
categórico y concluyente 70 % de repudio.
Si las cifras esgrimidas por el Jefe de Estado fueran ciertas,
cómo explicar entonces el rechazo masivo de la población a este
personaje, cómo admitir su derrota ostentosa en los últimos comicios
y que dejaron para su Partido una herencia inadmisible: 4 puestos en
un Parlamento integrado por 130 ciudadanos depositarios de la
voluntad popular. Cómo entender el hecho que García se ha convertido
en una suerte de Rey Midas al revés, que no convierte en oro todo lo
que toca, sino que destruye lo que toca.
Alan García apela hoy a una demagogia desenfrenada en la que
entremezcla mensajes del más variado signo, desde un chabacano
desafío a la memoria, hasta una mística religiosa, simplemente
ridícula. Inaugura obras que sólo estarán concluidas en los próximos
meses, y que avanzaron hasta hoy multiplicando los presupuestos
originalmente estimados para ellas —como es el caso del Tren
Eléctrico—; o miente con descaro proclamando por sí y ante sí que el
Perú es un territorio "libre de analfabetismo", cuando sabe que sólo
lo será luego de dos años de esforzada gestión de Gana Perú, cuando
así lo proclame la UNESCO.
Recurre por cierto, a los sentimientos más primitivos de la
gente, como cuando inaugura con boato una imagen de Cristo que
coloca en las cercanías del litoral capitalino. Hay que recordar, en
torno al tema, que si el APRA —su Partido— alcanzó un alto nivel de
popularidad en los primeros años del siglo XX, fue precisamente
porque su fundador —Víctor Raúl Haya de la Torre— salió a la calle
peleando contra un gobierno que pretendió vanamente consagrar el
Perú a la imagen del Corazón de Jesús, alentado por la jerarquía
religiosa de la época. Ocurrió eso en mayo de 1923, cuando los
jóvenes salieron del Parque Universitario para marchar por las
calles de la ciudad enfrentando una dura represión policial que dejó
como estela simbólica la muerte de un estudiante y un obrero,
sellando —como se dijo entonces— macabramente la unidad obrero
estudiantil con un rastro de sangre.
El APRA tuvo, a lo largo del tiempo, una vocación laica —y no
confesional— a la que ha renunciado ahora García por conveniencias
coyunturales y de orden personal. Está aterrado porque tiene cuentas
que rendir ante la justicia, y quiere dejar una impronta que no le
corresponde, haciéndose pasar —cual Tartufo de Moliere— por un
piadoso personaje de la picaresca criolla. Pareciera estar en la
búsqueda de la redención de sus pecados.
Lo real es que, gracias al neoliberalismo, impuesto en el país
por Alberto Fujimori y aplicado con obsecuente servilismo por las
administraciones posteriores y en particular por la de García; hay
un segmento relativamente pequeño de la población que vive en la
opulencia, pero hay otro, mucho más grande —y que compromete a más
del 75 % de la población peruana— que vive simplemente peor que
antes. Sólo eso explica que el 65 % de los encuestados el último fin
de semana demanden cambios urgentes en el plano de la política
económica. Y es que saben que es allí donde radica el Talón de
Aquiles del "modelo" que nos fuera impuesto a inicios de la década
de los 90 del siglo pasado por decisión del Fondo Monetario
Internacional, el BID y otros organismos financieros
internacionales.
Nadie niega que un segmento de la sociedad vive hoy en un claro
clima de bienestar. Acumuló fortuna a la sombra del Poder Político o
Económico. Se enriqueció como costra parasitaria al servicio del
Imperio. O alcanzó fortuna a partir de la especulación financiera o
mediante procedimientos dolosos, que brillaron en los años del
fujimorato, pero que se extendieron —e incluso profundizaron en
algunos aspectos— en nuestro tiempo precisamente bajo la
administración de García.
Por eso acierta la Comisión de Transferencia Gubernamental
designada por Gana Perú cuando lanza una advertencia referida a la
desaceleración de la economía, artificialmente manipulada por la
actual administración como una manera de crearle problemas al
gobierno que se inicia. Y es que, en efecto, el llamado
"enfriamiento económico" que hoy se registra es consecuencia directa
de las medidas adoptadas por el gobierno actual en los últimos meses
y podría conducir a un claro clima de recesión que afecte a la
mayoría de los peruanos.
Si a esto se suman contrataciones irregulares que, por encima de
450 000 personas, elevaron las planillas presupuestarias
significativamente, tendremos mejor perfilado un escenario que se
traducirá en dificultades mayores para el próximo gobierno. "Bombas
de tiempo" le llaman a estos mecanismos que habrán de explotar en
los próximos meses, pero que fueron urdidos hoy, en la sombra, y sin
ninguna vergüenza.
En el área de salud asoma más gráficamente la tragedia nacional.
Somos el país con un mayor índice de aceleración de tuberculosis en
América del Sur y bordeamos los 50 000 casos anuales en la materia.
Gracias a la política oficial hoy se sabe que en el Trapecio Andino
hay casi un 60 % de población infantil desnutrida.
No obstante estas maniobras, el país marcha confiado a una
transición que despierta expectativas. Por eso el 70 % de los
peruanos se muestra optimista en relación con el nuevo gobierno y un
categórico 66 % está persuadido de que hará los cambios necesarios
para rectificar el rumbo nacional.
Recogiendo este reto, Ollanta Humala, aludiendo a la derecha que
tuvo en sus manos los resortes del poder durante muchos años y que
hoy aún aspira a perpetuar el neoliberalismo, dijo: "ellos están
defendiendo un viejo esquema, aferrándose a un modelo económico que
en veinticinco años no ha sido capaz de resolver los desafíos que
nos impone el desarrollo nacional y los problemas que genera la
pobreza. Están empeñados en replicar el siglo XX en el siglo XXI
mediante un modelo económico del pasado y una visión colonial del
Perú".
El viaje de Ollanta Humala a Venezuela y la calurosa bienvenida
que le prodigó su pueblo, su entrevista —emotiva y cálida— con el
Presidente de ese país, el Comandante Hugo Chávez; el reciente
anuncio de una visita a México y Cuba y la presencia de casi todos
mandatarios de los países de América Latina y otros continentes en
la asunción de mando del nuevo régimen peruano, así como el hecho
que se haya previsto la reunión de UNASUR en nuestra capital para
esa circunstancia, confirma claramente la expectativa general que se
ha despertado en diversos confines del planeta, y que no será
defraudada.
Entretanto, quienes creían no conocer las entrañas de la Mafia
podrán advertir ahora que Keiko Fujimori, que prometió solemnemente
en su campaña no indultar a su padre —el reo en cárcel más caro de
América Latina— demanda hoy la ejecución de esa medida "por razones
humanitarias". Hasta eso pretenden conseguir los derrotados.
En julio, el mes de la patria, se afirma la voluntad del pueblo.