A
veces no se precisa una gran competencia para un gran resultado. La
calidad de los contrincantes siempre ejerce una inexorable cuota de
presión, pero no incide igual en dependencia de la acción
competitiva que se trate.
En atletismo, por ejemplo, la confrontación directa en las
carreras es bien diferente a los duelos en saltos, donde lo que cada
cual pueda rendir en sus respectivas oportunidades sobrepasa las
escaramuzas tácticas propias o del rival.
En esa circunstancia de relativa tranquilidad aconteció el
domingo último en Ávila, España, el salto con pértiga más cercano al
cielo de un cubano, el 5.72 tan perseguido este año por Lázaro
Eduardo Borges, nueva primacía nacional por dos centímetros.
Según el protocolo, el habanero de 25 años comenzó su accionar en
un 5.40 que solo requirió el primer intento. Ya dos saltadores
locales habían terminado, uno sin salto válido y el otro con
discretísimo 4.00, mientras un tercero, el ruso Igor Bychkov casi se
elimina al fallar dos veces 5.40 y terminó por hacerlo sin vencer
tampoco 5.50 en el tercero, en conclusión acreditando 5.20.
Entonces comenzó la lucha solitaria del cubano. Ya había ganado,
pero emprendía otro objetivo más importante contra la inapelable
varilla, que aceleró sus pulsaciones tras los dos primeros fracasos
—por eso lo de relativa tranquilidad— e incluso al doblegarla.
Salido del sofocón con más firmeza y la autoridad reglamentaria
de fijar la altura preferida, apartó 5.65 y 5.70 para solicitar a
los jueces el 5.72 de sus sueños, que cayó inobjetablemente del
primer zarpazo para anclar entre la elite del año, sexto, junto a
otros seis. Y noten que no aflojó ni después de la proeza, aunque
resultasen infructuosos sus tres empeños sobre 5.75.
En pértiga para damas Yarisley Silva se llevó otra dorada en
4.55, chica constante este año ocho veces sobre 4.50, incluidos dos
de 4.60, primado cubano que no pudo elevar esta vez hasta 4.65.
El triple resultó favorable para Cuba, pues Alexis Copello llegó
al récord personal de 17.68, tercero del mundo, solo detrás del
17.91 del francés Teddy Tamgho y del 17.72 que el mismo domingo, en
el europeo sub 23 de Ostrava, estampó el ucraniano El-Sheryf Sheryf.
También en el primer intento, Yoandri Betanzos marcó su mejor
cifra del año, 17.23, y la alegría de conseguir la marca A (17.20)
para el Mundial de Daegu malogró el resto de la competencia, como
también le ocurrió a Copello. Es que no siempre se consigue un buen
primer salto, caso del tercer cubano, Arnie D. Girat, esforzado
hasta el final tras el 17.20, pero sin pasar de 16.95. De los
contrarios ni hablar, el mejor saltó 15.28.
Paradojas de tales desempeños: No todos los mítines atléticos en
Europa son de elite. Y los resultados topes responden más al nivel
propio que al de la lid.