Nuevas producciones editoriales y la puesta en circulación del
más reciente número de la revista que la representa, fue la mejor
manera que encontró la Fundación Fernando Ortiz para celebrar por
estos días una jornada de homenaje por el aniversario 130 del
nacimiento del insigne sabio cubano.
La presentación de Catauro, única revista de antropología
en el país, fue la primera de las actividades diseñadas para el
festejo y tuvo lugar en la Oficina del Festival del Nuevo Cine
Latinoamericano donde fue introducida por Miguel Barnet y Alfredo
Guevara, presidentes de la Fundación y del Festival,
respectivamente.
El número 22 de la publicación resultó del seminario La
cultura del huracán en Cuba, concebido previamente para la
tirada y cuyas disertaciones constituyen, si bien no todo el
material contemplado, la base del trabajo. Esta entrega monotemática
sirvió de tributo al libro El huracán, de Fernando Ortiz.
Otro espacio fue ofrecido por el Instituto de Antropología para
introducir dos títulos que constituyen novedades editoriales: Las
relaciones raciales en Cuba, estudios contemporáneos, de un
colectivo de autores del centro anfitrión y Fernando Ortiz
ante el enigma de la criminalidad cubana, de David López Ximeno.
Una valiosa compilación de estudios asociados al complejo
fenómeno de los conflictos sociales y el racismo, cuyas
investigaciones arrancaron en 1993, cuando debido a la crisis
socioeconómica que vivió entonces la Isla se agudizaron los roces de
este tipo, lo constituye Las relaciones¼ que, a la vez que
llega en sus monografías al tuétano de estos males en poblaciones
específicas de Cuba, propone también un grupo de recomendaciones
para encarar el problema.
Por su parte, López Ximeno nos acerca a una arista poco conocida
de Don Fernando, al concentrar su pesquisa en el jurista que también
fue el antropólogo cubano. La significación de la tesis doctoral de
Ortiz y su proyecto de Código Criminal Cubano son tópicos que
hallará el lector.
Al término de la jornada de homenajes, Miguel Barnet recordó que
de tal manera se honraba al más útil de los cubanos del siglo XX en
el campo de las ciencias sociales, por sus aportes en el ámbito de
la historia, la arqueología, la lingüística, la sociología y la
antropología.
El concepto de transculturación y la definición de Cuba como un
ajiaco, hoy totalmente difundidos y constantemente citados, pero
nacidos de los aciertos de Ortiz fueron, entre otros, referentes
tomados en cuenta por Barnet para ilustrar la agudeza del sabio.
"Hombre comprometido con su época —comentó— se nos presenta desde
la altura política de un cubano progresista, defensor de su país y
de las ideas más avanzadas de su tiempo, al asumir una actitud
consecuente ante los problemas que sufría la sociedad cubana".
"Fue persistente y de esa persistencia surgió su noción de la
necesaria paciencia, el rigor científico y la conciencia social,
pero tengo la certeza de que esa paciencia ha sido compensada con la
expansión paulatina de los valores de su pensamiento y el ejemplo de
su acción."