Cornetas desde El Cornito

PASTOR BATISTA VALDÉS

Foto del autorSin facciones claramente definidas, ni guayabera, ni sombrero de yarey, un rumor serpenteó, desde hace algún tiempo, por los cauces y afluentes de la décima, más allá del reservorio natural que le sigue trenzando el río Hórmigo entre los bambúes de El Cornito: ¿Había sido excluida realmente la Jornada Cucalambeana del plan de eventos nacionales? ¿Qué sucedería entonces con nuestra décima? ¿Moriría el mayor guateque campesino en Cuba con todo su torrente espiritual y material, tangible e intangible, como también se dice ahora?.

En medio de sus aciertos y desaciertos, la cuadragésimo cuarta edición de esa Jornada, acaba de confirmar, sin embargo, una realidad: vale la pena que el país en general, y Las Tunas de modo muy particular, arrimen el taburete al horcón de la cultura cubana para razonar, sin improvisaciones, acerca de una fiesta cuyo esplendor no es el de ayer, ni debe mostrar mañana el discreto brillo de hoy, si en verdad se pretende seguir honrando con buena luz a Juan Cristóbal Nápoles Fajardo y a la centenaria y riquísima cultura campesina que subyace y brota, no solo monte sino también ciudad adentro.

No es, ni puede ser la Cucalambeana cualquier fiesta, o una más. Quizás ninguna otra acumule tantos calendarios (45 el próximo año) unida al cordón umbilical de la cultura cubana. Con razón el poeta, ensayista e investigador Virgilio López Lemus, una de las personalidades que esta vez vino a Las Tunas, dijo en el Coloquio Iberoamericano que la décima campesina no es transmisora de identidad, sino identidad misma.

Por ello, visitantes, estudiosos, conocedores del tema y espectadores que acudieron a El Cornito, coincidieron en cuán saludable y justo hubiera sido reservarle mayor espacio aun a la verdadera y genuina música campesina (punto de vista válido también para la danza y otras manifestaciones), durante las cuatro galas con que se le rindió homenaje al 182 cumpleaños del mayor bardo cubano del siglo XIX y a los 50 años de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Acéptenlo o no organizadores y directivos, hay detalles que eclipsan la pupila. Puede parecer trivial, pero más de un oído hizo alergia ante aquel "qué bolaita, qué bolón, qué bolá" (grabado, insípido, fuera de buen gusto y de contexto) con que se llenó espacio la primera noche, mientras los técnicos "se apresuraban" con toda calma a montar filtros y luces para un espectáculo que ya arrastraba 25 minutos a la zaga, según el programa, con un público multinacional sentado delante, esperando la arrancada.

Por encima de "tropezones así" (como diría Chago Téllez, en su conuco) está, desde luego, el saldo general del programa, el virtuosismo de María Victoria Rodríguez, dignificando la grandeza de Celina González; la tradición sedimentada en los jóvenes que concurrieron al Concurso de Repentismo Justo Vega, ganado por el avileño Reiber Nodal, y está la sabiduría de la doctora Virtudes Feliú Herrera, acentuando las virtudes de la décima y el derecho de guateques, parrandas, serenatas, asaltos, tumbitas, changüíes y tambores yuka a seguir vivos, en un contexto que —como la Cucalambeana— demanda constante dialéctica, ruptura y reafirmación de tradiciones.

Substrato hay abajo. El asunto está en tener suficiente capacidad para descender a él o en subirlo a las crines de esta celebración, a cuyo estribo "está llegando más el chistoso que el genuino cuentero" (según Juan Manuel Herrera, de la Casa Iberoamericana de la Décima en Las Tunas) y donde pudieran verse más reflejados los verdaderos protagonistas de un movimiento que estremece a cooperativas campesinas y asentamientos rurales, mediante fiestas de base que sí insertan los más criollos juegos y platos, el placer del baile, el compás de una tonada, la magia de las manos tejiendo el yarey o tañendo las cuerdas del tres.

Como nunca, urge poner y emplear cada centavo en lo idóneo. De ello dependerá una cosecha que quizás ninguna balanza pueda cuantificar mañana en sacos, quintales o toneladas, pero que —si aporta trigo en fiestas como "la del Fuego" y en romerías como "las de Mayo"— tiene que dar su mejor fruto, con mucha más razón aquí, por la autenticidad, por el criollismo y por la total armonía con los lineamientos que aprobó el VI Congreso del Partido, a favor de la defensa y preservación de nuestros valores culturales y de la identidad nacional.

 

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