QUITO. — Por primera vez en la historia se está dando en América
Latina y El Caribe un proceso integracionista, sin tutelajes,
complementario, solidario, por la justicia y equidad social, afirmó
el vicecanciller ecuatoriano Kintto Lucas.
En entrevista con Prensa Latina, el viceministro de Relaciones
Exteriores e Integración Política consideró lo más importante de la
reciente Cumbre del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) el trabajar
desde adentro una integración para relacionarnos con el mundo.
Hay un eje político importante dentro de la Unión de Naciones
Suramericanas (UNASUR), en todos sus Consejos y en lo que significa
como eje articulador político, acotó, pero el MERCOSUR muestra cómo
se puede empezar a buscar otra integración, económica y comercial.
Lo que están haciendo los países del MERCOSUR es prometedor,
dijo, y más lo que puede surgir con los países que están
integrándose a ese mercado común, que pueden ser Venezuela y otros
que no tienen tratados de libre comercio ni con Europa ni con
Estados Unidos.
Si eso lo proyectamos, agregó Lucas, hacia el foro político en
que puede transformarse la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC), que lamentablemente no se pudo aun constituir,
vemos que hay un universo integrador de la región.
En distintas instancias, subrayó, esta integración nos muestra
que estamos en un momento crucial, que nunca antes había existido y
en esa unidad la búsqueda de una interrelación con los otros bloques
del mundo.
Los procesos integradores anteriores se habían iniciado como
meros tratados de libre comercio o zonas de libre comercio, pero no
como una integración de comercio, política, cultura, y en lo social,
y ahora empezarnos a vernos desde nosotros mismos, resaltó.
Va a llevar tiempo, dijo, pero realmente es un proceso integrador
que nunca se había visto en América del Sur y en América Latina y El
Caribe, y sin ningún tipo de tutelaje.
La Organización de Estados Americanos (OEA) es un organismo
multilateral que sirve a los intereses de Estados Unidos, no un
organismo integrador, ni fue, ni es, ni lo será nunca, enfatizó.
En cambio, afirmó Lucas, la CELAC, sin Estados Unidos y sin
Canadá, sí es un organismo integrador político, que se puede
transformar en un foro realmente de debate político, de intercambio,
e inclusive de solución de controversias entre nosotros mismos.
Ya no le tenemos que preguntar a Estados Unidos si nos da el
permiso o no, que es lo que ha ocurrido en la OEA y lo que sigue
ocurriendo, afirmó el vicecanciller ecuatoriano.
Esa es la diferencia. Estos procesos no son instancias
multilaterales tuteladas, sino instancias que empiezan a tratar la
integración, incluso a nivel de lenguaje y de realidades, de otra
forma, de complementación, precisó.
La Cumbre del MERCOSUR fue importante porque allí hubo un
complemento de posiciones interesante, dijo y puso como ejemplo la
propuesta del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, sobre la
posibilidad de ir a un salario mínimo común, digno y unificado.
Hasta ahora, señaló, las grandes empresas nos ponían a competir
bajando el salario de los trabajadores, tercerizando, para ver si
podíamos hacer más baratos los productos y vender a Europa o Estados
Unidos lo mismo que producíamos todos.
Competíamos siempre pauperizando la mano de obra, pero no
pensábamos en otro tipo de acciones. Entonces, acotó, el presidente
Correa propone dejar de competir con la mano de obra, que pongamos
un salario mínimo unificado y compitamos en eficiencia.
Hay otras instancias que van más allá, como la Alianza
Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), pero toda esa
visión y discusión ya empieza también a trasladarse a otros ámbitos,
y países que no tienen una visión de izquierda comienzan a darse
cuenta.
Esos países, comentó Lucas, ven que existen otras formas de hacer
comercio y buscar otro tipo de complementariedad, y lo importante es
que estamos en una batalla ideológica, unida a la integración, por
un comercio justo, mucho más allá del libre comercio.
La integración tiene que ir a la equidad social, y el comercio
tiene que servir para la equidad social, si no para qué comerciamos,
preguntó.
Tratar de complementarnos, ver cómo podemos unos exportar una
cosa y otros países otra, y cómo podemos trabajar entre nosotros
mismos, esa es la señal de los nuevos tiempos, resaltó Lucas.
Cuando hablamos de integración, estamos hablando de integración
de América Latina y el Caribe y estamos pensando en la CELAC, pero,
preguntó en referencia a Cuba, cómo podemos pensar en ser solidarios
si uno de nuestros países está siendo afectado.
Porque, enfatizó, qué mayor violación a los derechos humanos que
no permitirle a los habitantes de Cuba acceder a determinados
productos o servicios por el bloqueo que le mantiene hace casi 50
años Estados Unidos, una de las potencias más importantes del mundo.
La solidaridad va junto con el proyecto integrador, resaltó. Al
no tener Cuba la posibilidad de comerciar con Estados Unidos está
perdiendo importantes posibilidades, y enfrenta, además, injustas
sanciones aplicadas por esa potencia a quienes comercian con la
isla.
Estas posiciones, dijo, cada vez hacen más eco en distintos
países y gobernantes, aunque siempre hubo la solidaridad con Cuba y
obviamente todo el mundo condenaba el bloqueo, porque hay que estar
loco para apoyarlo.
Pero, enfatizó, no era con esa marcada presencia de los
gobernantes diciendo: ésto no es posible, no podemos aceptar en el
siglo XXI un bloqueo a un país hermano como Cuba y el colonialismo
inglés sobre las islas Malvinas.
Ya con la CELAC, concluyó, habrá una unidad mayor de los países
de Latinoamérica para que no se permita eso.