Los toques del tambor yuka, traídos a la isla por inmigrantes
africanos, repican hoy en la oriental Santiago de Cuba, dueña del
espíritu folclórico y multicultural que abraza a la Fiesta del
Fuego.
La ruidosa parranda callejera con sus aires mestizos, acoge ahora
a la expresión músico-danzaria de esencia bantú, perpetuada por
instrumentistas y bailarines en esta occidental provincia.
Desde hace más de dos siglos, los golpes sobre cueros y troncos
ahuecados amenizan festividades en esta región, jolgorios que tienen
su génesis en los ritos realizados por esclavos de origen congo.
En El Guayabo, un poblado cercano a esta ciudad, perviven aún las
fiestas del tambor yuka, distinguidas por los prolongados toques
ejecutados con tres instrumentos de diverso tamaño, atados con una
soga a la cintura de sus practicantes.
Acompañado de cantos, el trío de maderos abre la celebración cada
diciembre, suerte de reencuentro entre familiares y amigos en el que
no faltan historias narradas por los ancianos, vinculadas a
leyendas. Con pantalones cortos, los hombres, y trajes largos, las
mujeres, los danzantes se toman del brazo para realizar un
movimiento llamado Campanero, mientras una integrante del grupo
entabla un diálogo con la percusión.
El árbol del aguacate, fácil de perforar y moldear, es el
preferido para confeccionar los tambores (llamador, tumbador y
caja), alrededor de los cuales los bailadores se desplazan con pasos
cortos en forma de círculos.
Con funciones que van desde abrir el toque hasta estabilizar un
motivo rítmico, el conjunto convierte a la localidad en centro de
referencia para el estudio de esa manifestación en la nación
antillana.
Así entre tonadas, sonidos percutidos y danzas, la celebración se
transforma en un verdadero jolgorio, en el que los participantes
preparan platos tradicionales como cerdo asado.
Tras un largo viaje en el tiempo, el tambor yuka resuena en
Santiago de Cuba, toda música y baile, en medio de un convite que
abre sus puertas a la tradición y la sabiduría de los pueblos del
Caribe.
Un abanico de esencias culturales convergen en la oriental urbe,
por estos días casa del arte y de la solidaridad, que reverencia en
esta ocasión a Trinidad y Tobago.
Coloquios, encuentros de narrativa oral, medicina natural,
exposiciones de artes plásticas, presentaciones teatrales y de otras
modalidades artísticas, animan los escenarios de la ciudad, suerte
de capital del alma caribeña.