A propósito de conmemorarse el pasado sábado medio siglo de la
muerte de Ernest Hemingway, fueron escuchadas en Finca Vigía, el
sitio donde viviera por 21 años el insigne escritor norteamericano,
50 campanadas para iniciar con ellas una velada de recordación en su
honor.
El minuto de silencio seguido de la escucha en el propio
tocadiscos del autor de El viejo y el mar, de una de las
melodías de su preferencia —el negro spirituals My soul’s been an
chored in the lord, interpretado por Marian Anderson— fueron
suficientes para experimentar la grata presencia del Dios de Bronce
de la literatura norteamericana entre un público que asistió a la
velada para constatar la eterna permanencia de Hemingway en la Isla
que tanto amó.
El garaje de esta casa que hoy funge como Museo Hemingway, acogió
a los visitantes, quienes disfrutaron de tres de las ponencias
expuestas en el recién concluido coloquio celebrado en el hotel
Ambos Mundos dedicado al Premio Nobel de Literatura.
A cargo de Inaury Portuondo Cárdenas e Idalberto Batista Bles,
museólogos de la institución, estuvo la exposición de Una
relación poco conocida, que aborda los vínculos del escritor con
el psiquiatra, seguidor de las tesis de Freud, Franz Stettmeier,
quien vivió en Cuba desde 1930 hasta 1974 y que, aun cuando
Hemingway no quiso que aquel lo considerara su paciente, supo
aprehender extraordinariamente los rasgos y padecimientos de esta
controvertida personalidad.
Las ponentes Marta Roca y Rosalba Díaz, también especialistas del
Museo, fueron las autoras de un trabajo que giró en torno a un
estudio grafológico —Una autobiografía inconsciente—
realizado por primera vez a la caligrafía hemingwayana y que arrojó
asombrosas revelaciones al tomar como muestra dos cartas redactadas
entre las dos décadas vividas en Cuba, una escrita a su esposa, Mary
Welsh, el 24 de noviembre de 1944, y otra, a su amigo el periodista
y corresponsal de guerra Bernard Kalb, en 1952.
Para concluir en rasgos del carácter del escritor como la
sensualidad, la autocomplacencia, la predilección por los placeres,
la búsqueda de emociones y la predisposición a la depresión, entre
otros, las investigadoras tuvieron en cuenta las perturbaciones de
la forma, del tamaño, del orden, de la continuidad, del movimiento y
del espacio de las letras, tópicos puntuales en este tipo de
estudio.
También fue expuesta la ponencia del ingeniero Víctor Pina, sobre
los Accidentes de aviación de Hemingway, un sugestivo tema de
marcado interés para los participantes.
América Fuentes, hija de Gregorio Fuentes, capitán del yate Pilar
y entrañable amigo de Hemingway, comentó a Granma, acompañada
de su hermana Blanca, su sentir a propósito de la fecha: "Lo
recuerdo en compañía de mi padre, para Hemingway siempre estaba bien
todo lo que mi papá decía, me resulta muy gratificante y me causa
mucha emoción estar en este lugar donde él vivió y donde está el
yate al que subíamos cuando éramos niñas."