Confieso que pocas veces he seguido con tanta
tensión un partido de cualquier disciplina deportiva como lo hice
este viernes en el duelo ganado por Argentina a Cuba,
correspondiente a las semifinales del Campeonato Panamericano Elite
de Balonmano para mujeres, que concluye hoy en Sao Bernardo do
Campo, Brasil.
Tal vez el hecho de recibir información minuto a
minuto por la red social Twitter incrementó las emociones, aunque el
pleito no fue apto para cardíacos y los escasos 200 espectadores en
la sala Polideportiva Adib Moyses Dib también vibraron hasta la
definición por penales, tras los 60 minutos reglamentarios y dos
tiempos extras con abrazo 38-38.
Cuba alineó con Eneleidis Guevara en la puerta,
Arassay Durán y Suleikis Gómez en los laterales, Maricet Fernández
como extremo, la armadora Ayling Martínez, la central Nadezza Valera
y Ariagne Cuesta en función de pívot, escuadra con potencial para
desbancar a las gauchas, pero sin demasiado sustento en el
banquillo: solo tres suplentes, sin contar que Fernández fue
expulsada en los compases iniciales.
No obstante, las antillanas exigieron al máximo a
las actuales monarcas del continente, que no lograron ninguna
ventaja superior a cuatro tantos en todo el trayecto. La manga
inicial finalizó 13-13 y en la media hora definitiva Cuba tuvo el
triunfo en sus manos, pero Manuela Pizzo tiró del carro albiceleste
para forzar las tablas 28-28.
Este escenario se repitió en el tiempo extra y no
quedó otra que la definición en la lotería de los penales, donde la
meta criolla, genial en todo el encuentro, no alcanzó ninguno de los
disparos gauchos, mientras Lizandra Luzón no pudo superar a la
arquera Valentina Kogan para el desenlace de 5-3.
Ahora Cuba buscará el bronce y el boleto al
Campeonato Mundial frente a Uruguay, muy inferior a las locales en
la otra semifinal.