Buena parte de los granos que se comercializan en Cuba guardan
"húmedos secretos". Dadas las condiciones naturales de nuestro país
y su temperatura, la humedad en la mayoría de estos oscila entre el
12,5 y 13,5 %; pero a veces llegan a comercializarse con índices
superiores al 14 % (límite establecido).
Y no se trata de un puro formalismo: aunque no puedan
determinarse montos concretos, el Estado sufre perjuicios económicos
si al comprar frijoles y maíz, por citar dos ejemplos, estos violan
la "humedad de equilibrio". En palabras claras, se paga masa por
agua.
Además, este es un factor que incide con fuerza en el deterioro
de la calidad del grano, e impide conservarlo por largo tiempo.
Aunque a simple vista pueden parecer granos normales, la humedad
relativa del medio ambiente influye con extraordinario poder en la
eficiencia de esos cultivos. Y si no se detecta, el Estado resulta
perjudicado, como se verifica hoy al muestrear algunas cantidades de
frijol almacenado y comprobar que, por diferentes razones técnicas y
organizativas, presentan una humedad por encima de la que regulan
las indicaciones técnicas.
La carencia de herramientas para medir eficazmente estos
parámetros (hidrómetros), así como de plantas e instalaciones para
el secado, obligan a poner en práctica métodos rudimentarios, en
muchas ocasiones imprecisos, que dependen en gran medida de la
observación y el actuar humano.
Por eso, se apela a los productores, para que de forma consciente
no dañen la economía nacional y aumenten indebidamente sus ingresos
y a los compradores para que, en representación de las entidades
estatales, no se dejen vender agua por grano. Por los prejuicios
económicos, los culpables de uno y otro lado, deberían responder por
tal fraude.
El programa nacional en marcha de producción de alimentos, tiende
al desarrollo de cultivos como el del frijol y el maíz; por lo cual,
el cuidado en la medición de la humedad, y el perfeccionar los
mecanismos que permitan determinarla de forma más certera, deben ser
temas a valorarse prioritariamente.
A la par de crecer en la producción de granos, se hace
imprescindible que, junto con optimizar los procesos de
aseguramiento tecnológico, se verifique que el exceso de humedad
deje de ser una grieta por donde se escapen recursos, y el Estado
reciba el alimento para su distribución, con el máximo de calidad.