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Ganar desde el surco
Germán
Veloz Placencia
BANES.— El huracán Ike (septiembre del 2008) causó pérdidas por 1
262 000 pesos a la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) 26
de Julio. Sin embargo, pasados diez meses del fenómeno natural, es
decir, al cierre del año productivo, tenían 960 000 de ganancias.
 La
sistematicidad y calidad de las atenciones culturales están entre
las causas del constante rendimiento de las áreas de caña.
Sin descuidar la caña (cosecharon la que fue posible y
resembraron las áreas) y el restablecimiento de los platanales y los
animales, sacaron provecho de las decenas de hectáreas en las que
plantaron cultivos de ciclo corto (boniato, frijol caupí, calabaza y
hortalizas en general), recuperaron y procesaron madera proveniente
de los árboles derribados por los vientos, fabricaron ladrillos y
tejas.
"Nos salvó la diversificación productiva, concepto mantenido
desde el primer día de constituidos en 1979", asegura Alfredo
Guerrero Laffita, su presidente, quien en cuestiones relacionadas
con la prosperidad de la CPA siempre hace honor a su apellido,
despejando toda duda sobre las razones tenidas en cuenta para
conferirle el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.
LA CAÑA ES LO PRIMERO
Producir en secano no es tarea fácil y aun así la caña cosechada
este año promedió 68 toneladas por hectárea. De acuerdo con
Guerrero, se debe a la preparación de los suelos y la selección de
la semilla. Asimismo, siguen de cerca la población de los campos y
reponen rigurosamente los plantones que faltan.
"Gran parte de la fertilización es de forma manual. Para eso
escogemos la temporada, sobre todo que predomine la humedad, y
arrojamos los puñados directamente sobre los plantones. A las 24
horas, la caña está asimilando los nutrientes.
"Nos apoyamos en las 30 yuntas de bueyes que tenemos. Cada vez
que pasas las cuchillas con la ayuda de esos animales, significa
aumentar los rendimientos de las áreas en 3 ó 5 toneladas. Por
ejemplo, si haces la operación ahora, en medio de la sequía,
eliminas las grietas por donde se cuela el Sol y el suelo retiene la
poca humedad que tiene."
COOPERATIVISTA: OFICIO ÚNICO
Donaldo Desdín conduce el tractor que por estos días arrastra la
carreta que lleva, desde sus casas al campo, y viceversa, al
personal que labora en el lote El Mambí, en la limpieza de un campo
del que se esperan mayores rendimientos en la próxima zafra. Sin
embargo, solo le pagan dos horas por operar el equipo, porque el
resto del salario depende de lo que haga con el azadón. "Al
aceptarme como socio me aclararon que aquí solo existe el oficio de
cooperativista", explica atento.
Es la misma respuesta de Eulicer Rodríguez, Mario Nieves y
Rubelio Hidalgo, quienes realizan labores en la carpintería, el área
de producción de humus y vivero y el cobertizo donde se fabrican
clavos, respectivamente.
La repiten Yanisleidy Toro y Elio Escobar, responsables del
funcionamiento de la joven mini-industria que procesa vegetales y
frutas; Pedro Rodríguez y Yadían Pérez, pegados al molino que
tritura las piedras recolectadas en los campos y las convierte en
gravilla y arena; y Sandra Hidalgo, hábil para multiplicarse en
barbera, peluquera, manicura, dependienta del merendero, costurera
(repara la ropa de trabajo de los compañeros) y auxiliar de
limpieza.
"El concepto de cooperativista —dice Guerrero—, nos permite tener
solo 27 trabajadores atendiendo directamente la caña en algo más de
711 hectáreas y mover hacia allí, en los momentos decisivos, de la
siembra y la limpieza, al resto de los 168 compañeros. Así también
es posible cumplir otras tareas emergentes."
PREMIO A LOS RESULTADOS
No pagan por tiempo, porque no educa ni libera las fuerzas
productivas, asevera Guerrero, a quien le interesan resultados
crecientes en cada labor, y transmite con orgullo que mediante este
sistema, al cierre de abril acumulaban casi 2 millones de pesos de
ganancias. Por ejemplo, la vinculación que hoy aseguraba un anticipo
promedio superior a los 630 pesos por cooperativista, acaba de ser
modificada.
"Ahora compramos a 17 pesos la tonelada de caña a los vinculados
al bloque donde se cultiva. Esto trae como obligación para el grupo,
limpiar, fertilizar y darle todas las atenciones culturales,
incluyendo la resiembra. También pagan la maquinaria que la corta,
los fertilizantes químicos y el humus de lombriz, así como los
pesticidas."
No hay planes fijos para los productores de plátano, ni para
quienes atienden los cerdos, los ovejos, las aves, la ceba de toros
y las microvaquerías. La única meta es lograr más, a sabiendas de
que serán remunerados en correspondencia con la cantidad y la
calidad de la producción. |
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