"Yo pasaba frente al hospital en el momento en que vi a aquella
señora llorando desesperadamente, porque varios hombres le habían
ofrecido venderle la sangre, pero ella no tenía dinero con qué
comprarla.
"Entonces le dije que yo se la daría gratuitamente, pues mi
sangre no tenía precio. En el momento me la extrajeron y se hizo la
transfusión."
Andrés, dedicado toda su vida a las labores del campo, tampoco
imaginó aquel día que poco después triunfaría la Revolución y el
Comandante en Jefe Fidel Castro le encargaría a los CDR la tarea de
canalizar las donaciones voluntarias, con lo cual su gesto altruista
sería imitado por cientos de miles de cubanos.
Entre ellos figurarían seis de sus ocho hijos y dos nietos,
algunos de los cuales donan el vital líquido hasta cuatro veces al
año.
Ese es el caso de Rolando —el primero en nacer, y también en
seguir el camino del padre—, quien dice haber perdido la cuenta de
las veces que ha extendido el brazo para que le hicieran la
extracción.
"Solo sé que comencé muy jovencito, influido por el ejemplo del
viejo, y ya tengo 49 años de edad. Antes las donaciones se hacían
semestralmente, pero ahora en mi caso dono cada tres meses", explica
Rolando, un profesor que, respaldado por la fuerza del ejemplo, es
activista de esta tarea en la comunidad, situada a unos cuatro
kilómetros de la cabecera municipal de Consolación del Sur.
Camilo, otro de los varones, recuerda que se inició mientras
formaba parte de un batallón de la UJC movilizado para la cosecha
tabacalera, donde surgió la idea de hacer una donación masiva. Tenía
17 años y hoy con 45, acumula 32 extracciones.
Historias similares cuentan Maritza, Bárbara, Deisy y José Raúl.
También Osniel Sánchez Quiñones y Yosbel Hernández Quiñones, dos
nietos que han decidido dar continuidad a la tradición de la
familia.
"La actitud de ellos es muy importante, porque siempre habrá
gente necesitada y hay que asegurar el relevo de los que nos vamos
poniendo viejos", acota Camilo.
Todos coinciden en que donar sangre durante décadas no les ha
traído ningún trastorno de salud, y que el pinchazo inicial en la
yema del dedo, para chequear la hemoglobina, es el único momento
"difícil".
Así también lo considera Andrés, quien ahora con 76 años, estuvo
donando hasta los 63, cuando ya no le permitieron seguir.
"Vivo satisfecho por las vidas que he ayudado a salvar y por la
familia que he formado: todos trabajadores, honrados, y que como yo
piensan que la sangre no tiene precio."
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Al igual que la familia Quiñones, alrededor
de 350 000 cubanos participan en el programa de donaciones
voluntarias, que coordinan los Comités de Defensa de la
Revolución y el Ministerio de Salud Pública.
Su gesto altruista asegura que en los
hospitales y policlínicos se cuente con la sangre necesaria
para asistir a aquellas personas que lo necesiten.
La Organización Mundial de la Salud advierte
que "solo es posible asegurar existencias de sangre segura,
libre de infecciones, mediante donaciones regulares
efectuadas por donantes voluntarios"; sin embargo, admite
que en todo el mundo "hay millones de pacientes que las
precisan y no pueden acceder a tiempo a las transfusiones". |