A propósito del Día Mundial del Donante

Nuestra sangre no tiene precio

RONALD SUÁREZ RIVAS y RONAL SUÁREZ RAMOS

PINAR DEL RÍO.— Cuando Andrés Quiñones, a finales de la década del 50, conoció a aquella mujer que clamaba por una donación de sangre para su hijo enfermo, se hallaba muy lejos de pensar que con su gesto humanitario estaba iniciando una hermosa tradición familiar.

Encabezada por Andrés, la familia Quiñones ha ayudado a salvar numerosas vidas con su sangre.

"Yo pasaba frente al hospital en el momento en que vi a aquella señora llorando desesperadamente, porque varios hombres le habían ofrecido venderle la sangre, pero ella no tenía dinero con qué comprarla.

"Entonces le dije que yo se la daría gratuitamente, pues mi sangre no tenía precio. En el momento me la extrajeron y se hizo la transfusión."

Andrés, dedicado toda su vida a las labores del campo, tampoco imaginó aquel día que poco después triunfaría la Revolución y el Comandante en Jefe Fidel Castro le encargaría a los CDR la tarea de canalizar las donaciones voluntarias, con lo cual su gesto altruista sería imitado por cientos de miles de cubanos.

Entre ellos figurarían seis de sus ocho hijos y dos nietos, algunos de los cuales donan el vital líquido hasta cuatro veces al año.

Ese es el caso de Rolando —el primero en nacer, y también en seguir el camino del padre—, quien dice haber perdido la cuenta de las veces que ha extendido el brazo para que le hicieran la extracción.

"Solo sé que comencé muy jovencito, influido por el ejemplo del viejo, y ya tengo 49 años de edad. Antes las donaciones se hacían semestralmente, pero ahora en mi caso dono cada tres meses", explica Rolando, un profesor que, respaldado por la fuerza del ejemplo, es activista de esta tarea en la comunidad, situada a unos cuatro kilómetros de la cabecera municipal de Consolación del Sur.

Camilo, otro de los varones, recuerda que se inició mientras formaba parte de un batallón de la UJC movilizado para la cosecha tabacalera, donde surgió la idea de hacer una donación masiva. Tenía 17 años y hoy con 45, acumula 32 extracciones.

Historias similares cuentan Maritza, Bárbara, Deisy y José Raúl. También Osniel Sánchez Quiñones y Yosbel Hernández Quiñones, dos nietos que han decidido dar continuidad a la tradición de la familia.

"La actitud de ellos es muy importante, porque siempre habrá gente necesitada y hay que asegurar el relevo de los que nos vamos poniendo viejos", acota Camilo.

Todos coinciden en que donar sangre durante décadas no les ha traído ningún trastorno de salud, y que el pinchazo inicial en la yema del dedo, para chequear la hemoglobina, es el único momento "difícil".

Así también lo considera Andrés, quien ahora con 76 años, estuvo donando hasta los 63, cuando ya no le permitieron seguir.

"Vivo satisfecho por las vidas que he ayudado a salvar y por la familia que he formado: todos trabajadores, honrados, y que como yo piensan que la sangre no tiene precio."

Al igual que la familia Quiñones, alrededor de 350 000 cubanos participan en el programa de donaciones voluntarias, que coordinan los Comités de Defensa de la Revolución y el Ministerio de Salud Pública.

Su gesto altruista asegura que en los hospitales y policlínicos se cuente con la sangre necesaria para asistir a aquellas personas que lo necesiten.

La Organización Mundial de la Salud advierte que "solo es posible asegurar existencias de sangre segura, libre de infecciones, mediante donaciones regulares efectuadas por donantes voluntarios"; sin embargo, admite que en todo el mundo "hay millones de pacientes que las precisan y no pueden acceder a tiempo a las transfusiones".

 

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