LIMA, 12 junio.— El presidente electo de Perú, Ollanta Humala,
declaró ser consciente de que el inicio de su administración, el
próximo 28 de julio, tendrá que atender con prontitud importantes
demandas sociales.
Sé que la luna de miel (período de tregua para un gobierno que
comienza) será mínima. Sería un iluso si pensara que me van a dar
tres meses de tolerancia , dijo en una entrevista con el diario El
Comercio.
Añadió que el pueblo tiene mucha demanda embalsada, mucha
expectativa y dijo haber visto demasiada desigualdad y pobreza en su
carrera militar, terminada en 2005, cuando fue retirado contra su
voluntad y decidió dedicarse a la actividad política.
Tras la victoria de Humala, la Confederación General de
Trabajadores de Perú rechazó presiones conservadoras sobre el
presidente electo, asumió la defensa del nuevo gobierno y advirtió
que el éxito de este depende del cumplimiento de las promesas
electorales.
Sobre las razones de su triunfo del pasado 5 de junio, señaló que
tuvo conexión con el pueblo y mantuvo en pie propuestas sociales
concretas, como la jubilación para pobres, la rebaja del precio del
gas y el mensaje de cambio que demanda la población.
Humala señaló que acató esa demanda social al haberse mantenido
en la oposición tras su derrota en 2006 ante el actual presidente
Alan García.
Como factores secundarios de su triunfo citó los errores de sus
rivales, en el caso de su contendora en la segunda vuelta, Keiko
Fujimori, el recuerdo del gobierno de mano dura de su encarcelado
padre, Alberti Fujimori.
Sobre lo que significa su triunfo para la izquierda en América
Latina, se definió como una oportunidad para aglutinar a los
sectores de izquierda que nunca llegaron al gobierno y que
programáticamente se pueden unir a sectores empresariales y grupos
conservadores.
En el bloque político de Humala, Gana Perú, hay organizaciones
comunistas y socialistas, y entre los empresarios, el presidente
citó al influyente Salomón Lerner, y para los comicios lo apoyaron
grupos centroderechistas como Perú Posible y Acción Popular, entre
otras fuerzas.
Internacionalmente me ven como hombre de izquierda, en el Perú me
ven como nacionalista. Yo he dicho que no soy izquierda ni derecha,
yo soy de abajo en todo caso, añadió.
En torno a supuestos compromisos con Brasil, donde fue recibido
auspiciosamente en su primera salida como presidente electo, dijo
que no tiene compromisos con nadie y sí interés en conseguir el
mercado brasileño para los empresarios peruanos.
Preguntado sobre un proyecto de capitales brasileños para
construir hidroeléctricas en Perú que abastecerían a los dos países
(y que enfrenta resistencias sociales), dijo que todas las empresas,
de cualquier país tienen que cumplir los requisitos de su gobierno.
Entre esas exigencias mencionó el respeto a las comunidades (que
incluye su derecho a ser consultadas sobre cualquier proyecto que
las pueda afectar) y al medio ambiente, el pago de impuestos, la
generación empleo y la transferencia de tecnología.
Eso es para todos, sean brasileños, chilenos, estadounidenses,
añadió.
Humala fue preguntado también sobre su participación en la
llamada guerra interna librada en Perú en décadas pasadas y
respondió que los recuerdos le causan mucho dolor y cualquier
soldado evita hablar de ello.
Yo no me siento orgulloso de haber combatido en las zonas de
emergencia (a grupos armados) y no porque haya violado derechos
humanos, sino porque ha sido una guerra entre peruanos. Es lo que
más me duele, señaló.
Reveló haber pedido al jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas
Armadas que fije un plazo para que él, como presidente, pueda izar
la bandera en la zona más conflictiva del Valle de los ríos Apurímac
y Ene, donde operan remanentes del grupo armado Sendero Luminoso.
Esos alzados desacatan la orden de dejar las armas dada en la
década pasada por el líder senderista Abimael Guzmán, quien fue
capturado en 1992 y cumple una larga condena en una prisión de
máxima seguridad.