LONDRES.
— El bailarín cubano Carlos Acosta enfrentará la próxima semana un
nuevo desafío en su carrera, la puesta en escena del ballet Romeo y
Julieta en un estadio londinense, catedral de la música rock y pop.
Con capacidad para 12 mil personas, el O2 es un espacio demasiado
abierto para un ballet intimista como Romeo y Julieta, sostuvo, con
su trama de amores contrariados venganzas y odios familiares, que
exigen la complicidad de los espectadores en la sala en penumbras de
un teatro.
Pero el Royal Ballet, de cuyo elenco Acosta es primera figura
invitada, decidió jugarse el todo por el todo y sacar el ballet de
sus recintos convencionales para convertirlo en un espectáculo
multitudinario, un fenómeno de masas, reporta Prensa Latina.
Algo similar a lo que hicieron con la ópera los tres tenores
-Plácido Domingo, José Carrera y Luciano Pavarotti- quienes
despojaron al bel canto de su carácter elitista para tornarlo
asequible a las grandes mayorías, sin desmerecimiento de su linaje
artístico.
Acosta dijo estar consciente de la intimidad perdida y la
exposición constante de los bailarines a las cámaras televisivas, de
las que es preciso estar pendientes, del contacto con un público
acostumbrado a otros géneros.
También admitió que en las últimas décadas ha surgido una nueva
audiencia, a la cual es necesario seducir y acercar al mundo
maravilloso de la danza clásica y el placer estético asociado a ella
.
Hay que conquistar a los espectadores del futuro, argumentó. Esa
es la divisa que guía a Mónica Mason, la directora de la compañía.
Como es usual, lo secundará en escena, como coprotagonista, la
bailarina española Tamara Rojo, ideal en su rol de Julieta, con
quien Acosta entabla siempre una empatía insuperable, casi amorosa,
en escena.