Ventana neoyorquina al arte cubano

Kcho, Rancaño, Barroso, William y Diago en la Galería Marlborough

VIRGINA ALBERDI BENÍTEZ

El despliegue de 30 obras de cinco artistas cubanos esta primavera en la Galería Marlborough, de Nueva York, abrió una ventana para que colegas, críticos, marchantes y espectadores de la llamada Gran Manzana, sin lugar a dudas uno de los epicentros de la movida internacional de las artes visuales, apreciaran sin mediaciones la vitalidad de una zona de la creación contemporánea en una isla pequeña, pero de indudable significación universal por sus valores culturales.

Visa para El Dorado, de Abel Barroso.

De acuerdo con la prensa especializada y testimonios de visitantes puede reconstruirse un proceso de recepción que partió de la curiosidad por conocer los intereses y resultados de artistas que viven, trabajan y encuentran su razón de ser en el medio social cubano —el cual, como se sabe, es muchas veces allá víctima de visiones estereotipadas y maniqueas— y llegó a la comprensión de lo que consideraron una sorprendente diversidad discursiva y una apreciación particular de los aportes estéticos de cada uno de los expositores.

En todos los casos resaltaron el nivel de compromiso con la interpretación de la realidad cubana, desde la sofisticación de los materiales empleados por el cienfueguero William Pérez en su minimal pero intensa aprehensión del pulso histórico y geográfico de la isla, hasta la utilización de materiales precarios en la reconstrucción simbólica realizada por Roberto Diago para reivindicar el sentido de resistencia, dignidad y autenticidad de su gente más humilde. Por cierto, no pocos espectadores se sintieron atraídos por la fuerza que emana de las composiciones de Diago en las que asume su condición etnocultural.

El refinado y a la vez ascético rejuego conceptual de las piezas de Ernesto Rancaño generó elogios. El artista consiguió una notable condensación de los medios de expresión para especular sobre las tribulaciones humanas.

Entre las obras de Abel Barroso la que quizás despertó más comentarios fue Visa para El Dorado. La ingeniosidad de la construcción escultórica —en la que hay una evidente referencia a uno de sus más caros oficios, el de grabador—, portadora de una para nada sutil ironía, confrontó la actualidad de un tema lacerante y actual: las expectativas y frustraciones de los inmigrantes que pasan del sueño a la pesadilla americana.

Y luego está Kcho. El mismo pero más completo, penetrante y abarcador Kcho, obsedido por las migraciones, las ganancias y pérdidas identitarias, el viaje como realidad y metáfora. Un Kcho que desde el dibujo hasta la instalación, es decir, desde el proyecto hasta su materialización, muestra su razón poética.

Es muy posible que vista su obra en Nueva York, y ante los botes que coronan cual penachos sus objetos escultóricos, alguien recuerde a Heredia cuando cantó ante el Niágara: "Las palmas, ay, las palmas deliciosas... "

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir